La vicepresidenta Nadia Calviño plantará cara a Iglesias por responsabilidad

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Las carreras políticas, de Pedro Solbes y Nadia Calviño, con diferencia de años, parecen transcurrir paralelas, pero la experta económica en Europa no tira la toalla. Más de una década después del cese fulminante de Solbes, la ministra de Asuntos Económicos y de Transformación Digital no está dispuesta a seguir sus pasos y se irá antes de que la "echen" si no logra convencer al presidente Sánchez de acometer el plan de choque económico imprescindible que salve a España de una eventual intervención económica por Bruselas en otoño próximo.



Nadia Calviño Consejo Ministros marzo




Desde que en enero pasado tomó posesión en el cargo, en presencia de su padre José María Calviño, Pedro Solbes y Almunia, "todos los días" se ha arrepentido de aceptar esta responsabilidad en un Gobierno de coalición con Podemos


Durante todos estos meses ha tenido que lidiar en el seno del Consejo de Ministros con "la política expansiva"del vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias,en un momento económico de extrema dureza y gravedad como el actual, que amenaza con transformarse en una gran depresión sin precedentes en la historia reciente de España. Casi siempre, sus propuestas han tenido enfrente la oposición de Iglesias, convertido en "el perejil de todas las salsas" económicas y no económicas, en palabras de fuentes socialistas.


El pacto con el PNV ha dejado muchos heridos en el campo de batalla. El PNV no va olvidar facilmente un pacto a sus espaldas cuando las elecciones vascas estan a la vuelta de la esquina. El beneplácito del jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, a espaldas de su equipo económico y de los agentes sociales, ha vuelto a colocar a Calviño en el ring frente a Iglesias. El enfado de Claviño, era de tal calibre que en esta ocasión aireado públicamente las discrepancias,  en un intento por frenar al vicepresidente segundo, quién hizo una amenaza velada al ejecutivo de coalición, afirmando que se tiene que cumplir "lo que esta firmado" en el documento con Bildu.


Pero estos asaltos entre bandos, se han recrudecido desde que el Gobierno decretó el estado de alarma el pasado 14 de marzo , cuando Calviño, una tecnócrata europea,conocedora de los recovecos del gobierno de la Unión Europea, alertó de la depresión económica que se avecinaba y de la necesidad de ser conservadores en el gasto público. Sin embargo, sus señales rojas,  no surtieron efecto frente a un Pablo Iglesias "crecido".


A su mentor, Pedro Solbes, quien advirtió, en reiteradas ocasiones, a Zapatero desde 2008 de la recesión económica que se aproximaba, le pasó algo parecido sin que éste ni quisiera se parara a escuchar sus avisos. Por eso amagó, multitud de veces, con dimitir. Porque la vicepresidenta  Calviño sabe bien que los Presupuestos Generales del Estado son habas contadas, donde los gastos por los intereses de la deuda pública española, totalmente disparada, por las pensiones y por el capítulo primero, referido a las retribuciones de los funcionarios, no solo se comen con creces los ingresos públicos, sino que los superan,  en un escenario como el actual de una caída este año del PIB de casi el 10% .


Sin embargo, ha decidido no ceder ante Iglesias, la vicepresidenta es una profesional "rigurosa y discreta, exigente consigo misma hasta la extenuación, también es luchadora y no se deja ganar el asalto a la primera". Eso es lo que comentan de ella los que la conocen.


En enero de 2009, Solbes entregó a Zapatero un documento, titulado Una estrategia para salir de la crisis, que recogía un plan de choque con reformas estructurales, similar en su fundamento al presentado Calviño. Ese plan de recortes cayó en saco roto y en marzo de 2009 el presidente Zapatero cesó a su vicepresidente económico, tras sus reiteradas quejas públicas por la ampliación del polémico cheque-bebe a las madres inmigrantes, aprobado por el Congreso sin su conocimiento. Exactamente, lo mismo que ahora le ha ocurrido a Calviño con el pacto de derogación de la reforma laboral entre Bildu y el presidente Sánchez, que, casualidades de la vida, sustituía por Madrid en el escaño del Congreso de los Diputados a Solbes, tras abandonar la vida política en septiembre de 2009.


Desde que se decretó el estado de alarma, la vicepresidenta ha hecho los deberes. Primero, diseñó diferentes escenarios macroeconómicos, en función de la duración del confinamiento. Todos, sin salvedad, recomendaban austeridad en el gasto público y, así, se lo hizo saber, en diferentes ocasiones, al presidente del Gobierno. Calviño, que cuenta con la aquiescencia de los ministros de Industria y Seguridad Social, expuso hace unas semanas a Sánchez un duro plan de recortes para salvar a España de la intervención de Bruselas. Este programa incluye un tijeretazo en las pensiones, en los salarios de los empleados públicos y en la oferta pública de empleo.


Un año después de la salida de Solbes, Zapatero se vio forzado a suprimir el cheque-bebé y a acometer el mayor ajuste presupuestario de nuestra historia reciente, con una bajada de los sueldos de los funcionarios de una media del 5% y la congelación de las pensiones, algo, que, en estos momentos, con una tendencia desinflacionista no supondría una merma en su poder adquisitivo. Calviño no tira la toalla por responsabilidad, se irá antes de que la echen, si no logra convencer al presidente del duro plan económico que necesita el país para superar la gran depresión que se avecina y que debería incluirse en los Próximos Presupuestos.

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