jueves, 24 de septiembre de 2020

El Covid-19 amenaza la seguridad alimentaria en todo el mundo

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La comunidad científica ha lanzado una voz de alarma sobre una de las consecuencias que la actual pandemia por el Covid-19 puede tener sobre la población mundial. Tras un exhaustivo análisis han descubierto las primeras alteraciones que se han producido en el sistema de producción y distribución de alimentos. Y han advertido de que puede ir a más.


Agricultora trabajando con mascarilla en la recolección de fruta


Las conclusiones del estudio, publicadas por la revista Science, avisan de que las perturbaciones que se han producido en los procesos de la industria agroalimentaria han empezado a afectar a la seguridad alimentaria de los productos.


El análisis ha sido llevado a cabo por un grupo de investigadores del International Food Policy Research Institute (IFPRI) y su principal preocupación se centra en que la situación se va a ir agravando conforme la crisis vaya perdurando en el tiempo.


SIN DESABASTECIMIENTO

Aunque por el momento el abastecimiento de alimentos agroalimentarios está garantizado, los analistas han empezado a detectar los primeros síntomas de que algo está ocurriendo en el sector. La primera damnificada ha sido la seguridad alimentaria, sobre todo en los países más pobres.


Sin embargo, los países ricos también han empezado a notar estos síntomas. El aumento de las colas ante las asociaciones humanitarias para pedir comida indica que la pandemia ha trastocado las bases de la seguridad alimentaria: acceso, disponibilidad, uso y estabilidad.


Resulta evidente que el impacto será superior en los países más pobres, en los que esta situación no hace sino agravar las ya de por sí malas condiciones de vida. Según los autores del análisis, más de 90 millones de personas en todo el mundo puede caer en la pobreza extrema por culpa de la pandemia. Y una parte de ellas viven en países desarrollados.


Alimentos 3



También se ha detectado un cambio en los hábitos alimentarios. El aumento de precio de determinados productos, como carne, pescado, frutas o verduras frescas, ha hecho que muchas personas se hayan decantado por otros más asequibles, como el trigo, la soja o el maíz, con aporte de calorías pero con menos nutrientes. Y los expertos añaden: una mala alimentación significa aumentar el riesgo de contagios de cualquier enfermedad, incluido el del Covid-19.


RIESGOS SOBRE LAS FRUTAS Y LAS VERDURAS

Los productos que corren mayores riesgos son aquellos de recogida diaria, sobre todo frutas y verduras. Si bien en algunos países más desarrollados el sistema lo ha solucionado gracias a la mecanización, en aquellas zonas en las que la recolección es un proceso manual, el impacto ha sido menor.


No ha ocurrido lo mismo en los países menos industrializados. En muchos lugares ni siquiera se ha podido recolectar por la falta de mano de obra y los contagios por el virus, y cuando se ha podido hacer parte del producto se ha perdido por no haberlo podido transportar en las condiciones adecuadas. La consecuencia ha sido que en los principales centros de consumo ha empezado a haber escasez de alimentos y que el precio del disponible se ha disparado.


FRONTERAS CERRADAS

Además, el hecho de haber cerrado muchas fronteras ha impedido que  la mano de obra eventual se haya podido desplazar de un país a otro, por lo que numerosas explotaciones agrícolas no han podido recoger los frutos. Con ello, la cadena de producción y distribución se ha visto afectada.


Aunque por el momento estas distorsiones han afectado, sobre todo a, los países pobres, la persistencia en el tiempo en los contagios del virus acabará por influir negativamente en la alimentación a nivel mundial. Han bastado seis meses para que el sistema haya sufrido las primeras alteraciones importantes y, según los autores del estudio, solo una mayor colaboración entre países ricos y pobres reducirá los riesgos futuros.


LAS MASCARILLAS REDUCEN LOS SÍNTOMAS DEL COVID-19

Por otro lado, un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de California y la Universidad Johns Hopkins, ha determinado que el uso de la mascarilla no solo previene el contagio con el Covid-19, además puede llegar a reducir los síntomas de la enfermedad.


Ciudadanos japoneses con mascarilla en Tokio

El estudio también destaca que es posible alcanzar la conocida como inmunidad de rebaño. Según las conclusiones de los autores del mismo, las personas que usando mascarillas llegan a contagiarse sufren una menor carga viral, lo que hace padezcan una sintomatología muy leve o que sean asintomáticos.


Estos analistas aseguran que los países en los que el uso de las mascarillas ya era habitual antes de la llegada del Covid-19, Japón, Hong Kong, Taiwán, Singapur, Tailandia y Corea del Sur, el índice de mortalidad se ha mantenido bajo incluso cuando ha habido rebrotes. La explicación la encuentran en el hecho de que el uso de la mascarilla ha reducido la carga viral que ha afectado a las personas, por lo que han tenido síntomas más leves, por lo que la tasa de mortalidad siempre ha sido muy baja.

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