​Ildefons Cerdà y la solidaridad vecinal en tiempos de pandemia

Genís Carrasco
Médico y escritor

Cuarenta y tres millones de infectados, un millón cien mil muertos y trescientos cincuenta mil millones de euros perdidos son datos de lo que está comportando, a nivel mundial, la pandemia del Covid-19. Son datos escalofriantes sí, pero sólo son cifras. Lo más importante es que detrás de estas cifras hay vidas perdidas, arruinadas o desesperadas. Vidas que buscan la esperanza en un mundo incierto y destartalado. Vidas que anhelan buenas noticias. No es fácil encontrarlas. Pero las hay.

Ildefons cerda

Hemos entrado en plena segunda ola pandémica y parece que las noticias son cada vez más pesimistas. El toque de queda nocturno, el confinamiento de fin de semana y perimetral, el cierre de bares y restaurantes y la sombra de un confinamiento total preocupan al ciudadano que está reviviendo la dura realidad del abril pasado. No resulta fácil encontrar noticias mínimamente optimistas en este entorno tan pesado.


Sin embargo, si miramos a nuestro alrededor encontraremos suficientes motivos para la esperanza. Están aquí. Hay muchos ejemplos de solidaridad y de valores cívicos para seguir creyendo en nuestra ciudadanía. Es cierto que también hay conciudadanos insolidarios, pero hay muchas más personas, como los vecinos de la Esquerra del Eixample barcelonés, que son un magnífico ejemplo de espíritu cívico y de estima incondicional hacia su comunidad. Personas como ellos representan la verdadera alma de nuestro tejido social.


Red de Apoyo Mutuo y ayuda a los sanitarios

Desde la primera ola pandémica, los vecinos de este barrio vienen desarrollando una Red de Apoyo Mutuo para ayudar a las personas más vulnerables facilitándoles comida y apoyo doméstico. Además, durante la primera ola, se puso en marcha la iniciativa de una vecina, Ada Parellada, propietaria del restaurante Semproniana, que decidió cocinar para los sanitarios en el pico de la pandemia.


Las actividades solidarias incluyeron actividades como las Hidrogel Sesiones, en el que los vecinos organizaron bailes en masa en sus balcones durante la época del confinamiento y conciertos en los patios interiores donde se podía escuchar música y canciones presentadas por los propios vecinos.


Este es el caso de Pep (no conozco su apellido) que diariamente a las 13 horas nos regalaba 60 minutos de buenas canciones en habitantes de la manzana Provenza-Muntaner. Vecinos que hasta entonces no conocíamos y que ahora forman parte de nuestra vida. Y el de Guillem, Cristina, Laura, Carmen, Manuel, la Sisona, la Nati, el Enric, la Roser, la Rosa, las Margaritas, la Silvia, la Reyes, la Ángela y muchos otros vecinos de la misma manzana que nos ofrecen poesía y relatos muy interesantes a través de las redes sociales. Ahora que estamos en plena segunda ola pandémica muchas de estas actividades solidarias vuelven a ponerse en marcha.


Sólo son un pequeño ejemplo de las muchas iniciativas cívicas que han nacido en nuestros pueblos y ciudades. Pero es el ejemplo que tengo más cercano, el de mi barrio: la Esquerra del Eixample.


Probablemente muchos lectores desconozcan que este fue un barrio concebido hace un siglo y medio precisamente durante una epidemia y desde los ideales de un mundo más solidario y participativo de un pionero: Ildefons Cerdà.


Esquerra del Eixample: el mejor barrio según la revista Time Out

La Esquerra del Eixample no es el barrio más bonito de la ciudad ni el que mejores equipamientos y servicios posee. Es una comunidad donde lo que resulta verdaderamente relevante es el civismo y la solidaridad de sus habitantes. Y es precisamente por estos valores que, según la revista Time Out, la Esquerra del Eixample de Barcelona ha sido designado el mejor barrio del mundo de 2020. La revista, por medio de una encuesta a 38.000 residentes de varias ciudades del mundo, la ha premiado por su cohesión perfecta entre cultura local, solidaridad, ayuda mutua y cooperación durante la crisis pandémica de este año. Este galardón se ha otorgado a las dos entidades que lo integran: la Antigua Izquierda del Eixample y la Nueva Izquierda del Eixample.


La herencia de Ildefons Cerdà: un barrio nacido durante una epidemia

El actual barrio del Eixample nace a inicios del siglo diecinueve durante la primera visita de un joven Ildefons Cerdà a una Barcelona sometida a una grave epidemia de cólera. El que después se convirtió en un brillante ingeniero y higienista quedó horrorizado por la visión de una ciudad encarcelada por las murallas y con una carencia absoluta de condiciones de salubridad. Una ciudad con una grave falta de infraestructuras sanitarias como redes de alcantarillado o agua corriente. Entonces nació su sueño de convertir Barcelona en una ciudad moderna e igualitaria.


Su idea era hacer justicia social urbanística a través de un urbanismo humanitario que aportara salud, confort e igualdad a sus ciudadanos sin diferenciar si eran ricos o pobres. Tanto se llegó a preocupar Ildefons Cerdà que llevó a cabo un estudio sobre las condiciones de vida de los barceloneses que residían en el que ahora conocemos como Ciutat Vella. Comprobó que los principales problemas eran la densidad, la movilidad y la morbimortalidad. Una calle estrecha significaba más infectados y muertos en caso de epidemia. Para solucionar estos problemas diseñó una ciudad mas higiénica, con una mejor movilidad y más saludable. Aquel proyecto se llamó Eixample y tendría diez veces la extensión de la ciudad en ese momento.


Finalmente derrumbarían las murallas (a excepción de la parte que daba al mar, la Ciutadella y el castillo de Montjuïc) en 1854 y el Ayuntamiento de Barcelona convocó un concurso donde los principales arquitectos de la ciudad presentaron sus proyectos por la expansión de Barcelona. El Ayuntamiento aprobó el de Antoni Rovira i Trias, pero el Ministerio de Obras Públicas de Madrid obligó a que la construcción del Ensanche la realizara Ildefons Cerdà desarrollando «el Plan Cerdà». Ya se pueden imaginar que los barceloneses no les alegró nada la noticia. Se iniciaron las obras 8 de julio de 1860. La reina Isabel II dio el disparo de salida colocando la primera piedra del Eixample en el que conocemos ahora como Plaza de Cataluña.


Solidaridad vecinal ante el coronavirus

La evolución de la Esquerra del Eixample es un buen ejemplo de cómo un diseño de barrio inteligente e innovador puede influir en los valores cívicos de sus habitantes. Sus habitantes han desarrollado redes de ayuda directa a los más vulnerables. La unión hace la fuerza. Ahora más que nunca el vecindario cierra filas ante la crisis del coronavirus. Es un buen ejemplo de un fenómeno que está creciendo en muchos barrios de otras ciudades y poblaciones del país. Tienen el objetivo de detectar necesidades, compartir información y generar ayudas entre el vecindario de la misma escala o calle. Las ayudas incluyen desde ir a comprar alimentos, medicamentos, atender necesidades diarias de una persona mayor o con dependencia que vive sola, tener cuidado de animales de compañía hasta ofrecer un vehículo para desplazarse enfermos en situaciones de emergencia. También promueven otras iniciativas como las de los cocineros que se ofrecen para cocinar por el personal de los hospitales, y la de los médicos especialistas en áreas no relacionadas directamente con el coronavirus que, en su tiempo libre, se ofrecen para hacer consultas on line ante la saturación de los centros sanitarios. Sin olvidar a los artistas que dan conciertos gratuitos en línea o cuelgan obras de teatro gratuitamente.


La solidaridad se impone en tiempo de crisis

La convivencia vecinal se basa en valores como la solidaridad, el respeto, la responsabilidad mutua y la cooperación. El ejercicio de estos valores favorece el sentimiento de pertenencia a la comunidad.

Estos valores sociales fundamentaron el Plan Cerdà que dio origen en el Eixample. Sus vecinos han sabido desarrollarlos magníficamente y constituyen una de las buenas noticias que nos ha llevado la pandemia.

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