Venezuela: Negociación entre facciones

Alex Fergusson
Ecólogo. Negociador. Profesor-Investigador. Universidad Central de Venezuela. Columnista del diario El Nacional.

Como todos saben, el pasado 13 de agosto se firmó en la ciudad de México, con la mediación del Reino de Noruega, un Memorando de Entendimiento entre representantes del gobierno y de la dirección opositora reconocida internacionalmente. Tal memorando tenía como propósito, formalizar el inicio de un nuevo proceso de negociación (el tercero en los últimos años) con el objetivo de encontrar una salida a la crisis económica, social y política en la cual nos encontramos inmersos desde hace al menos seis años.


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Las respectivas delegaciones, lideradas por Jorge Rodríguez (el gobierno) y Gerardo Blyde (la oposición) tuvieron su primera ronda de conversaciones el pasado mes de agosto y ahora, entre el 3 y el 6 septiembre, está teniendo lugar la segunda ronda.


Como era de esperarse, todo ha transcurrido en medio de un gran hermetismo sazonado desde fuera de la mesa de negociación, con discursos agresivos, amenazas y descalificaciones por parte de los voceros del partido de gobierno y del propio presidente, y algunas tímidas respuestas de su contraparte opositora.


Ahora bien, para poder comprender cómo llegamos hasta aquí y aproximarnos a lo que podría ocurrir en el futuro inmediato, es bueno definir el contexto en el cual esta negociación tiene lugar.


Cuando decimos que las partes negociantes son: el gobierno y la oposición, estamos pecando por imprecisos, pues oculta el hecho de que, en realidad, quienes están representadas realmente son facciones dentro del gobierno y de la oposición.


Veamos. El gobierno nacional es hoy, una suma compleja de grupos con intereses diversos, entre los cuales podemos citar: el presidente y su círculo íntimo de aliados personales y familiares; los líderes del partido de gobierno (el PSUV); algunos importantes miembros del alto mando militar, cada cual con sus respectivos equipos de control de negociados (concesiones en aduanas, concesiones mineras, venta de combustibles, comercio del hierro y madera, importación de productos, y un largo etc.); los funcionarios corruptos saqueadores sistemáticos del erario público (quienes, según algunos expertos, le han birlado a la nación unos 250 mil millones de dólares americanos); las organizaciones de narcotraficantes que disfrutan de la impunidad para movilizar sus drogas a través del país; los amigos de los amigos que manejan el blanqueo de dinero ilegítimo, a través de actividades comerciales diversas pero todas de lujo que cobran en dólares; las mega bandas de delincuentes que controlan amplios sectores populares en las principales ciudades del país y que tienen nexos internacionales con los grupos paramilitares y de la guerrilla colombiana que controlan el territorio venezolano en las fronteras con el vecino país; y finalmente, para no pecar de ingenuo, la mano que mece la cuna, de sus aliados internacionales (Cuba principalmente, y también Rusia, China, Irán y Turquía).


Entonces, en representación del gobierno solo participa el presidente y su círculo íntimo de aliados, todos los demás están excluidos.


La oposición, por su parte, está conformada por: una fracción minoritaria que mantienen un discurso derrotista y que clama por una intervención extranjera; otra fracción importante o al menos de gran impacto político, optó por la política de plegarse discretamente al enemigo ; también me parece políticamente correcto, incluir aquí al grupo de los “disidentes chavistas”, conformado por amigos cercanos y ex ministros del expresidente Chávez, los cuales tienen su propia organización con agenda ambigua, pero que se oponen al gobierno con el argumento de haber traicionado “el legado del comandante”; siguen los líderes mediáticos, ex dirigentes, y los opinadores de oficio, que se creen personalidades y critican todo desde sus cómodas oficinas en el extranjero; y, finalmente, están los fieles a la vieja Hoja de Ruta de la Asamblea Nacional, hoy convertida en Plan de Salvación.


Así que, por parte de la oposición, solo están participando en la mesa, los representantes leales al “gobierno interino” y su Plan.


Sin embargo, esta situación en la que quienes negocian son solo dos de las facciones que conforman sus respectivas áreas de influencia y poder, tendrá un importante efecto que debe ser considerado, sobre la capacidad real de llegar a algunos acuerdos, aunque sean parciales y, muy especialmente, sobre la capacidad de hacer cumplir en la práctica con todo lo que se acuerde.


Entonces, ¿para qué seguir allí tratando de negociar?


Pues, no solo porque el encuentro tiene el apoyo de los Estados Unidos de Norteamérica y de Rusia -además de Noruega, la Unión Europea, Canadá y las Naciones Unidas- sino porque ellos han sido sus principales impulsadores como vía para explorar una salida a la crisis venezolana, distinta a la guerra de intervención. El representante mediador de Noruega, lo ha dicho con toda claridad: “los países externos al conflicto harán todo lo posible para que estas negociaciones tengan un buen resultado. Sin embargo, se sabe que solo los venezolanos podrán resolver su situación interna.”


Habría que agregar, además, que no solo el pueblo opositor comparte la misma percepción de oportunidad, sino que, y me atrevo a decir, también una parte importante del pueblo chavista, como respuesta a la escalada de la crisis y la magnitud de la tragedia que significa para todos.


¿Cuál será el desenlace de esta negociación? Es difícil de predecir. En ambos lados hay demasiados actores con poder para sabotear. No obstante, y a pesar de las voces agoreras que siguen apostando a su fracaso, las partes siguen mostrando voluntad de acuerdo y ya informaron que habrá una tercera ronda, entre el 24 y el 27 de septiembre próximos. Una buena noticia que alimenta la esperanza.


Lo cierto, es que se trata de una oportunidad que no puede ser desaprovechada, pues el riesgo es que los venezolanos seamos abandonados a nuestra suerte y que la crisis devenga en problema sin solución, como ha ocurrido en Cuba por 60 años, o en Nicaragua o Afganistán y algunos otros ejemplos que aquejan al mundo, hoy sumido en la barbarie.


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