El Paralelo barcelonés recupera la normalidad con el estreno de “Fama”

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Todos los indicios disponibles nos invitan a pensar que vamos a disfrutar de una excepcional temporada teatral, como acaso hace muchos años no se vivía en Barcelona. Con cerca de medio centenar de salas funcionando a pleno rendimiento y el aforo disponible en su integridad. Y un abanico de grandes producciones musicales a cuál más ambiciosa y atractiva. Tras el estreno de “Billy Elliot” en el Victoria, el de “Famaen el Apolo nos permite decir que el Paralelo ha recuperado su plena normalidad, con el patio de butacas lleno hasta la bandera en una velada en campanillas. A la que no faltaron numerosas caras conocidas -nos alegró particularmente el reencuentro con la inolvidable Lita Claver “La Maña”- e incluso alguna personalidad pública, como la presidenta del parlamento, Laura Borrás, cuya presencia hizo olvidar algunas voces discrepantes con la programación de musicales en castellano.


Teatro.Apolo.Fama.Estreno

@Pablo-Ignacio de Dalmases


El ambiente de la avenida era, a última hora de la tarde de este martes, presagio de que algo importante iba a pasar dentro de ese local emblemático salvado milagrosamente tras una crisis que puso en peligro su propia supervivencia. En la puerta, alfombra roja y colas ordenadas para acceder a la sala y en el vestíbulo, photocall y mucha emoción. Todo ello provocó que la función se iniciara con media hora de retraso, aunque todo el mundo lo aceptó como una servidumbre propia de la celebración.


Subieron al escenario los dos productores ejecutivos, Jordi Arqué y Enrique Salaberría quienes, con los del resto de productores del espectáculo, son los que han hecho posible con su esfuerzo económico -que ha debido ser mayúsculo- esta nueva versión de la comedia musical. Y a partir de ahí empezó la función. Acostumbrados a obras de no más de noventa minutos, “Fama” dura dos horas y media que no resultan en absoluto excesivas y en las que se resigue una línea argumental que trata sobre la peripecia de un grupo de jóvenes que en busca de la fama se encuentran al inicio de curso en la escuela de arte y danza de Nueva York como última promoción del viejo edificio que va a ser demolido.


Fama” es una obra coral con multiplicidad de protagonistas, pero en la que, sin embargo, destacan, además de los profesores, algunos de los alumnos en función de solistas. Como enumerarlos a todos y todas -que bien se lo merecerían- sería excesivamente prolijo, vamos a centrarnos en Raudel Raúl, que encarna el Tyrone Jackson de la obra original, un bailarín con arquitectura física merecedora de haber sido diseñada por Miguel Ángel, cuyas dotes danzarias son excepcionales y la inverosímil acrobacia aérea con las dos piernas abiertas en el aire, sencillamente espectacular. Pero lo cierto es que todos los actuantes son artistas completos que cantan, bailan, hacen claqué e interpretan, sin que falten quienes además ejecuten algún instrumento o practiquen la esgrima.


Ensamblar todos estos ingredientes, preparar durante meses a los cerca de treinta componentes del equipo artístico y dirigir la función ha sido obra de la gran protagonista de la noche: Coco Comín que, ayudada por Pablo Salinas en la dirección musical, “coció” el espectáculo durante varios meses en su escuela de danza. Así quedó de manifiesto tras la apoteosis final cuando salió a saludar y recordó que ya había dirigido una primera versión de “Fama” en ese mismo teatro en 2004 -tuvimos el privilegio de verla- y tuvo la generosidad de compartir los aplausos con todos los que han hecho posible este montaje. Que no son sólo los artistas que vimos en el escenario, sino también los cover que les sustituyen o los que permanecen entre bambalinas, desde el regidor a la sastra, pasando por el responsable de sonido, el maquinista, el personal de sala y oficina y hasta el avisador, aunque no estoy muy seguro que este último oficio todavía exista en el teatro. Una noche memorable con el tercer gran espectáculo musical -el otro es “Cantando bajo la lluvia”- del que vamos a poder disfrutar los barceloneses. Esperemos que por muchos meses… ¡o años!



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