Observar a alguien, para después trasmitir lo conocido a otra persona es simple y llanamente espiar. A partir de la premisa de que “información es poder” a lo largo de la historia es posible encontrar un sin fin de relatos donde algunos asechan a los considerados enemigos, otros escuchan las confidencias de un cercano y todos, luego difunden lo captado y hasta lo venden.
La actividad de vigilancia de las actividades del otro –gobierno, posible delincuente, disidente político, empresa competidora- en algunos momentos ha cobrado tal valor que hasta se paga por realizarla. Se dice de Enenas el griego, que antes de formar su propio ejército pagó a un grupo de observadores del enemigo, tal cual se hace hoy en día con cualquier mercenario. En el Quijote Cervantes menciona varios espías griegos y, siguiendo su línea literaria no son pocos los autores que hacen lo propio.
Si bien los espías más famosos, se ubican en una buena parte del siglo XX, también en las antiguas épocas del pueblo judío se hace mención de ciertos espías de variados relieves. En uno de los libros cuya autoría se adjudica a Moisés se menciona a 12 “exploradores” que son enviados a vigilar la tierra habitada por los cananeos. Diez de ellos regresan con temor y solo dos[1] tienen una visión optimista a partir de la fe de que Dios – Jehová- tiene mayor poderío que los gigantes habitantes de esa tierra que fluía leche y miel.
La conducta casi siempre secreta de conocer lo que hace o tiene el otro, no hace distinción de género, desde Dalila hasta Melita Norwood[2] pasando por Matahari[3] hasta Virginia Hall, estadounidense cuyos esfuerzos se enfocaron a apoyar a la resistencia francesa, son solo algunas de las destacadas mujeres que en la mayoría de los casos espiaron no siempre con un auténtico afán financiero sino respondiendo a sus convicciones.
En el mundo moderno la actividad de vigilancia del otro ha resultado en organizaciones complejas como la CIA, el FBI o la KGB, que dependiendo del momento han justificado sus acciones de espionaje y contrainteligencia con argumentos de seguridad del Estado, lucha para erradicar la guerrilla o el terrorismo. Los “agentes” entrenados en estos centros de alta especialidad, igual hacen perfiles psicológicos que indagan datos privados a partir de tecnologías informáticas y de hecho tienen, como en alguna serie fílmica famosa se afirma “licencia para matar” Aldrich Ames era un agente de la CIA asignado a la Oficina europea, que por problemas financieros y emocionales, entrega a la KGB identidades de colegas que fueron detenidos –cien- y algunos ejecutados. ¿Cómo habría sido la historia de los estados unidos de Norteamérica sin la captura del oficial británico –Major Jhon André- ahorcado el 2 de octubre de 1789? ¿Habrían sido derrotadas las fuerzas inglesas con mayor dificultad sin la actividad de doble espionaje del ex-esclavo afroamericanos Lafallye, cuyo dueño William Armistead de Virginia, le concedió permiso para ser voluntario el ejército?
Ser descubierto implica no solo el señalamiento de soplón o traidor; dos de los famosos de los últimos tiempos se encuentran refugiados en embajadas del viejo continente y al parecer no han tenido la fortuna que por bendición divina se concedió a Josué hace diez mil años. Cuando Josué, envía a dos espías a una ciudad situada a
Los espías no solo son despreciados por soplones, se les considera traidores a una causa o nación, como fue el caso de Ramón Mercader, comunista español encargado de asesinar a Trotsky en la ciudad de México. Este riesgo sin embargo cada vez es menos común.
Debido a los avances tecnológicos, hoy los interesados en saber que es lo que usted escribe, piensa o hace, solo necesitan venderle –y en casos extremos donarle- una computadora o un teléfono y Usted mismo se pone en sus manos. Cuando adquiere un equipo –tablet, celular, Ipad etc.- un vendedor sonriente le presenta un contrato de adhesión, que Usted firma sin leer, que puede ser cambiado sin que le notifiquen formalmente en términos tradicionales al igual que hacen los bancos o cualquiera que le ofreció una tarjeta o cuenta de depósito.
Si su aparato se convierte en la ventana abierta para espiarle o boicotear su trabajo, no hay manera de acusarlos, pues el usuario les dio: datos personales –que se supone son protegidos aunque luego se entere que los vendieron- y quiéralo o no se pone en su manos, pues su datos ni siquiera tienen que averiguarlos, usted se los da cuando accede a “archivarlos en la nube” para que no se le pierdan.
Telcel, Movistart o la que sea, se come su recarga en el envío de publicidad y mensajes nunca solicitados. Si se convierte en un “cliente latoso”, ellos tiene más poder que Usted sobre tales espías transnacionales, pues aparte de las caras cambiantes de sus agentes Usted no sabe nada acerca de sus negocios, su fuerzas y su medidas de presión en tanto que ellos, conocen a sus amigos, lo que usted piensa, cuanto crédito tiene, a quien le debe, que día y a que hora “se fue de pinta”, que interés no desea que sea tocado etc. etc., y miles de etcétera, que hacen obsoletos a los espías.
[2] Británica que murió en
[3] Bailarina exótica y prostituta de clase alta en París que espió para Alemania durante la guerra mundial.
[4] En el
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