Empar Moliner, TV3 y el respeto a la ciudadanía excluida

Carmen P. Flores

Siempre he pensado que cuando alguien trabaja en un medio de comunicación público ha de tener sentido común, libertad de expresión y respeto por los que no piensa como ellos, entre otras cosas. Porque los medios públicos los pagamos TODOS con nuestros impuestos.


Decía Confucio que “sin sentimiento de respeto, no hay forma de distinguir los hombres de las bestias”. Lo sucedido en TV3, donde la “extravagante” e independentista Empar Moliner quemó en directo una Constitución, no tiene calificativo, o mejor dicho, tiene cientos de ellos. La dirección, los responsables y el comité de empresa en ese momento no reaccionaron condenando el tema y poniendo de patitas en la calle a tal impresentable personaje, que es de las que piensa que la tolerancia solo es para aquellos que piensa como ella. Yo añadiría que eso no es tolerancia, sino sectarismo, por no decir otra cosa...


Yo, como ciudadana quiero que se me devuelvan los impuestos que me han quitado para pagar TV3 si continúa con esa política sectaria, discurso único, excluyente y pagando a “profesionales” como Empar Moliner. En su casa, con su dinero, puede hacer lo que quiera, pero en un medio público con el dinero de todos NO.


La pluralidad y la tolerancia no están reñidas con la profesionalidad, ni con la extravagancia, ni con el sentido común. La disparidad de ideas, personas, pensamientos e ideologías han servido para enriquecer y hacer avanzar la sociedad. Lo contrario, solo produce enfrentamiento, pobreza de todo tipo y odio. “Las diferencias no están destinadas para dividir, sino para enriquecer”, decía J. H. Oldham.


TV3 y Catalunya Ràdio, la televisión y la radio del régimen, deben hacer una profunda reflexión, tanto la dirección como los profesionales y los sindicatos que los representan. No puede continuar al otro lado de la línea que ha traspasado de largo hace tiempo. Los medios públicos no deben contribuir al discurso único que solo produce división de la sociedad. No puede tolerarse más que contribuyan a que haya catalanes de primera y buenos que están en el bando de los independentistas; y catalanes de segunda y malos porque no piensan y actúan como ellos. Los medios públicos deben ser plurales y deben “servir” a la ciudadanía y no al gobierno de turno.

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