Las estatuas y los talibanes catalanes

Joan Ferran

Lavictoria


Seguro que ustedes recordaran la imagen de aquellas monumentales estatuas de Buda, ubicadas en el valle afgano de Bamiyan, talladas en los laterales de un acantilado a unos 2500 metros de altura sobre el nivel del mar. Datadas por los expertos en los siglos V y VI estaban catalogadas como unas obras fruto del sincretismo entre el arte griego y el budista. Las estatuas en cuestión resistieron el paso del tiempo y alguna que otra amputación puntual provocada por iconoclastas radicales. Pero fue en el año 2001 cuando los talibanes afganos decidieron que esas estatuas eran ídolos paganos -por lo tanto contrarios al Corán- y merecían ser destruidas. Y así fue. La dinamita y los disparos efectuados desde carros blindados dieron cuenta de ellas. Como es obvio ni el budismo se ha resentido por ello como creencia ni la fe de los talibanes se ha reforzado. Eso sí, la humanidad ha perdido un patrimonio cultural de valor incalculable.


Recordar la ‘hazaña’ de los talibanes viene hoy a cuento porque de iconoclastas intransigentes de haberlos los hay en todas partes. Ahora va a ser que, a estas alturas de la película, un par de estatuas de Federico Màres y Viladomat, instaladas en la época de la dictadura, nos van a quitar el sueño. Por favor, un poco de seriedad. Después de todo lo visto y vivido estos meses pasados no me vengan criticando a un ayuntamiento que quita bustos borbónicos a destajo y va de republicano subido.


Nada mejor para explicar a las nuevas generaciones las miserias del franquismo que la contemplación de una estatua ecuestre expuesta tanto a una crítica histórica seria y documentada, como a la mofa. Pero… ¡Ay! Los talibanes del soberanismo andan inquietos y necesitan combustible para ir tirando. No contentos con demonizar a Pérez Andújar ahora se rasgan las vestiduras y actúan rabiosos contra una propuesta cultural pedagógica y progresista como los viejos censores.


Al final de tanto despropósito uno puede llegar a pensar que incluso pretendan borrar de los libros de historia que un hermano de Franco, Ramón, fue diputado a cortes en 1931 por ERC.

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