sábado, 24 de octubre de 2020

'Bréxito' en Río

Luis Moreno
Profesor de Investigación del Instituto de Políticas y Bienes Públicos (CSIC)

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Si hubiéramos de medir la excelencia deportiva por la cantidad de medallas conseguidas en los recientes Juegos Olímpicos celebrados en Río de Janeiro, el Reino Unido destacaría por el número de sus preseas: 27 oros, 23 platas y 17 bronces. Ha ocupado el segundo lugar en el medallero final, sólo superado por Estados Unidos. La cifra de 67 trofeos es impresionante, al igual que la variedad de las disciplinas donde han triunfado sus deportistas. No puede aducirse que hayan concentrado sus esfuerzos deportivos, como sería el caso de algunos países que cuentas sus victorias en pocas modalidades (sea la natación, las carreras de fondo o el tiro con arco, pongamos por caso). Es verdad, sin embargo, que sus medallas en ciclismo, sobre todo de pista, han sido muy numerosas, como ya sucedió en la pasada olimpiadas de Londres 2012.


Alemania ha ocupado la quinta plaza en el medallero mostrando su pujanza deportiva, aunque lejos de aquellos tiempos en los que la suma de triunfos de las dos Alemanias, capitalista y comunista, superaba ampliamente a todos los países, incluidos USA y URSS (Múnich 1972). Japón ha quedado ahora a la paridad con los alemanes y anuncia un gran potencial de crecimiento de cara a los próximos Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Francia e Italia refrendan sus notables posiciones de las últimas olimpiadas con la séptima y la novena posiciones, respectivamente. De igual manera, España ha repetido el mismo número de medallas (17) que en Londres, pero ha ganado varias posiciones para ocupar el decimocuarto puesto con más oros obtenidos. Lejos quedan las 22 medallas y el 6 puesto conseguido en Barcelona 92.


Recuérdese que la edición de Río corresponde a los denominados ‘juegos de verano’. Como es sabido, se celebran otro tipo de olimpiadas ‘de invierno’, aunque son ciertamente menos representativas deportivamente en cuanto a número de especialidades y participantes. Llama la atención el caso de un país nórdico como Finlandia, país líder en educación según los informes PISA. El país nórdico ha obtenido en Río tan solo una medalla (y de bronce) en contraste a sus triunfos en las ediciones de invierno. Lejos quedan los tiempos en que Paavo Nurmi (1897-1973), el ‘finlandés volador’, maravillaba al mundo como corredor de las pruebas de media y larga distancia en atletismo (ganador de 9 medallas de oro a lo largo de su carrera).


Considérese, además, que desde hace tiempo los atletas británicos no se han visto envueltos en vergonzosos casos de dopaje como ha sucedido en pasadas décadas en países concurrentes con el Reino Unido en el medallero de Río. Por comparación, los deportistas británicos tienen un historial más limpio y homologable al genuino espíritu olímpico de competir sin hacer trampas. Otra cosa son las opiniones de los aficionados británicos respecto a la corrupción en algunos deportes hiperprofesionalizados como es el fútbol. Como nos recordaba hace unos días John Carlin, es una creencia bastante extendida en las islas británicas que los países latinos y de la Europa del Sur son más proclives al chanchullo y la deshonestidad, especialmente en asuntos de fichajes y transacciones para la contratación de jugadores. Pero el propio escritor y periodista británico aludía a entrenadores de alto perfil, como el mítico Alex Ferguson o el flamante seleccionador inglés Sam Allardyce, como sospechosos de conductas no muy ejemplares en los procesos de compra de jugadores.


El éxito británico, o Bréxito indicado en el titulo de este artículo, es inapelable, incontestable y contundente. Hoy por hoy, el Reino Unido es un ‘superpoder’ olímpico al mismo nivel que los ‘superpoderes’ de USA, China o Rusia. Los hechos parecen dar la razón a los partidarios del Brexit en el pasado referéndum de 23 de junio. Siguen publicándose numerosos pareceres y análisis puntuales sobre las razones por las que una pequeña mayoría de británicos decidieron decir ‘no’ a la Unión Europea. Camuflados en el argumentario de xenófobos como Nick Farage y su partido UKIP, se ha escondido el soterrado convencimiento de que el Reino Unido es algo diferente y único que no puede difuminarse en el club europeo. Esa ha sido la principal variable interviniente que decantó el triunfo de los eurófobos.


En realidad se han validado deportivamente los vaticinios de Winston Churchill en su famosa conferencia de Zúrich de 1946. Para el ‘British Bulldog’, como se le conocía al genial estadista, el Reino Unido, con Inglaterra como punta de lanza, debía constituirse en el líder natural del grupo de países y ex colonias británicas (‘Commonwealth’) para así mantener su influencia y poder independiente en el concierto internacional. Para Churchill Europa debía unirse, pero el Reino Unido debería quedarse fuera y concurrir como potencia mundial independiente junto a la Europa federada, a los poderosos EEUU (‘mighty America’) y a la Rusia soviética. A ellos habría que sumar hoy en día a la emergente China. Por encima de otras consideraciones, los partidarios del Brexit sienten que su visión del Reino Unido como un ‘superpoder’ ha sido confirmada por el Bréxito en Río. ¿Para qué difuminarse como un miembro más dentro del club de la Unión Europea? Quizá importa menos para los ‘brexiters’, la constatación de que el conjunto de la EU ha obtenido 233 medallas, lo que supone casi un 60% del total. Lo que cuenta para ellos es su propio porcentaje del 17%, prácticamente igual al de China y hasta superior al de Rusia.


¿Qué influencia pueden tener los resultados deportivos de Río en las negociaciones por el Brexit? Algunos pensaran que semejante pregunta es equívoca y que poco tiene que ver con el escenario post-Brexit. Craso error cometerían los dirigentes comunitarios y europeos si así lo pensasen. El extra de autoestima y orgullo colectivo del éxito deportivo británico se traducirá, a buen seguro, en un reforzamiento de las exigencias y la proverbial capacidad negociadora del Reino Unido. El entrenador deportivo, Clive Woodward, ha explicado ‘científicamente’ el Bréxito de Río como una aplicación deportiva del enfoque económico de la ‘agregación de las ganancias marginales’, mediante el incremento planificado y metódico de un poquito en el todo para un mejor rendimiento final. No se trata, por tanto, de una estrategia de grandes avances o cambios en la performance de los deportistas, sino de optimizar, aún mínimamente (digamos que por un 1%), el resultado anterior. Los resultados parecen dar la razón a Woodward.


Theresa May, premier británica, ya ha indicado que el glorioso espíritu meticuloso y ganador de Río será aplicado en las negociaciones del Brexit. Los que confiamos en una Europa unida deberíamos tenerlo muy presente. Al fin y a la postre nuestros éxitos conjuntos son mayores que los de cualquiera de sus componentes individuales.




Luis Moreno es Profesor de Investigación del Instituto de Políticas y Bienes Públicos (CSIC) y autor de “Trienio de mudanzas, 2013-15”

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