martes, 21 de septiembre de 2021

Creer

Lilia Cisneros Luján

Creer


Transcurridos pocos días del 2017, es posible sumar muchos acontecimientos. Por supuesto no podían faltar los muertos en atentados o a manos de individuos tocados emocionalmente -por la guerra, una educación superficial, padres[1] dispuestos a administrar, las cualidades de sus seres cercanos y hasta enfermedades quizá plantadas para vender medicamentos etc.- e incluso de personas con intenciones diversas que van desde la perversidad hasta la idea de la redención.


Solo en México en menos de una semana, fueron cientos los detenidos por vandalismo, robo en pandilla y por supuesto, discursos y análisis no muy objetivos o informados que equiparan las protestas ciudadanas, con acciones salvajes o cuando menos carentes de civilidad. ¿Todos los que se manifiestan son vándalos[2]? ¿Se trata de bandas urbanas acostumbradas a usar el espacio público atacando monumentos, bancos, comercios, paredes, autos y todo lo que en general sea propiedad ajena? ¿Se limpia el sesgo criminal de tales acciones si la motivación de los agresores busca el bienestar social o la denuncia de quienes supone son corruptos? La pregunta después del relato de este o aquel hecho en un país sin duda convulsionado es: ¿tú qué crees?


A partir de esto las respuestas, más emotivas que fundadas, se multiplican: "Es que la gente ya está harta de tanto abuso"; "estoy seguro que son acciones orquestadas para infundir miedo y dividir al pueblo"; "pienso que es el partido A, B o C"; "la pobreza es un pretexto porque los ladrones subían los objetos en vehículos del año" y una vez que han abundado en estos supuestos, vienen las comparaciones: "Me recuerda el 68 del siglo pasado"; "todo esto es en preparación de acciones autoritarias y hasta criminales"; "en tal ciudad los auténticos inconformes, neutralizaron a los gandallas, sin permitir actuar a las fuerzas policíacas" en esta otra latitud, cuando era inminente la represión, "la gente alzó los brazos se arrodilló y cantó el himno nacional". Entonces, ¿tú qué crees?


Cuando menos hasta hoy se carece de pruebas o certezas que nos permitan asumir como totalmente verdaderas algunas de estas hipótesis; cada cual de acuerdo a su experiencia de hechos pasados y conocimiento del presente, puede opinar en tal o cual manera, porque creer que algo es posible o probable, se acerca más al ámbito de lo espiritual, donde por fe alguien puede estar seguro de la continuidad de la vida en el más allá, la resurrección de los que murieron con su vida en orden, la reencarnación aunque sea en rata; aun sin tener pruebas o conocimiento directo de tales premisas.


Suponer lo que los miles de robots cibernéticos han difundido: que si es un acto porril del gobierno -federal, local o municipal- que es la acción de los extranjeros enemigos históricos de México; que son las elites usando todo su poderío para finalmente aniquilar a los que ni siquiera son consumidores; que es una venganza de los que nada tienen que perder, que el culpable es el funcionarios responsable de la educación que no puede con el paquete; que si es la lucha anticipada hacia los proceso electorales; puede ser todo o parte e incluso una combinación de varias de estas verdades a medias.


Aceptar como ciertos hechos frecuentes, se traduce en creer. "Yo creo lo que mis padres afirman, lo que Dios me ofrece, la prevención de triunfo de un partido de futbol o de una contienda electoral", pero en cuestiones tan delicadas como la continuidad o ruptura de la paz social es menester analizar no solo con la métrica emotiva -que nos hace calificar negativa o positivamente a un líder público o privado, al que no conocemos- sino con herramientas racionales que hemos logrado asir a lo largo de la vida.


¿Sabía Usted que el antecedente más profundo del actuar de los universitarios en el conflicto del 68 se gestó en el movimiento que dos años antes "concluyó" con la caída del rector Chávez? ¿Conoce usted cuantos actores financiaron ese acontecimiento?[3] Si su edad frisa en los setenta, ¿puede decir cuántos han elaborado un discurso "del movimiento" que para nada coincide con la realidad? ¿Sabía que en dicha acción no todos eran de izquierda aunque a lo largo de su vida así se han identificado?


Como no soy ni creo en las pitonisas, si puedo confesar que mi preocupación es real. Me consta que esto puede desatar más calamidades que las merecidas para unos y otros; que sí es pertinente ponerles un límite a los vándalos y también a las bandas urbanas; que obligarlos a ser parte de la restauración de lo destruido -jornadas nocturnas de pintura, albañilería, limpieza etc.- no es tan vejatorio, deja una huella en el castigado y permite las penas mayores a quienes instigaron tales conductas. Que sin limitar la libertad de expresión si hay que evitar la destrucción de lo mucho positivo que tenemos, entre otras cosas el respeto al derecho ajeno, por igual la propiedad privada o el anhelo de una vida sin hostilidad y sin destrucción. 


Evitar ser manipulados por los hackers, los productores de televisión y los perversos en general, supone de cada uno de nosotros el ejercicio de la mente. Si hay que estudiar hágalo, pensar le puede librar del riesgo de tornarse en un sometido. Es cierto, sentimos haber trabajado demasiado y quizá en vano, estamos cansados pero lo pero sería convertirse en un títere de quien esté dispuesto a lavarle el cerebro haciéndole creer lo que a ellos conviene.


Pugnemos por la paz y así empezaremos a descansar.



[1] El vulgo llama a estos personajes “padrotes” y a su actividad “padrotear”.

[2] Aun cuando el término que describe una conducta hostil -al arte, la literatura o la propiedad ajena- este empezó a usarse en el contexto de la revolución francesa; el antecedente refiere el comportamiento de grupos bárbaro de origen germánico, en contra del imperio romano.
[3]Se sospechaba, del alemanismo, la CIA, varios funcionarios de época, e incluso la misma oficina de presidencia de Gustavo Díaz Ordaz.


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