"Un defensor público": lágrimas y sonrisas de amigos, familiares y compañeros en el homenaje a Ernest Lluch
El presidente de la Fundación concluyó su intervención con una poderosa reflexión sobre el concepto de diálogo, eje central del pensamiento de Lluch y tristemente ligado a su asesinato.
El Consorci Universitat Internacional Menéndez Pelayo Barcelona-Centre Ernest Lluch y la Fundació Ernest Lluch reunieron este miércoles a destacadas personalidades del ámbito político, académico y periodístico en la Sala Mirador del CCCB para conmemorar el 25º aniversario de la muerte de Ernest Lluch, una de las figuras más recordadas de la historia contemporánea de España, asesinado el 21 de noviembre por ETA en el año 2000.
Entre lágrimas y sonrisas
Un acto de recuerdo donde las lágrimas, las sonrisas y las anécdotas personales se entrelazaron con la reflexión política, reafirmando el poderoso legado de Lluch. La intervención de Carlos Andradas, rector de la UIMP (universidad de la que Lluch fue rector entre 1989 y 1995) destacó la profunda huella que Lluch dejó en la vida pública, no solo como político, sino como firme defensor de la educación y la sanidad pública.
"Ahí está, pues, la Ley de Sanidad Universal, que seguimos disfrutando, y después también como rector, defensor de la educación pública, de una universidad pública, algo que, desde luego, creo que todos los rectores ahora mismo tenemos la obligación de hacer", afirmó Andradas, resumiendo el impacto de Lluch en la sanidad y la educación.
La filosofía de Ernest Lluch
A continuación, Joan Majó, presidente de la Fundació Ernest Lluch y exministro, tomó la palabra para profundizar en la filosofía que Lluch imprimió en la UIMP, citando el lema de la universidad: "Sapere aude" (Atrévete a saber).
Pie de vídeo: Joan Majó, presidente de la Fundació Ernest Lluch; Vídeo: Nicolas Sokolov/CatalunyaPress.
Joan Majó enfatizó que este lema reflejaba el propio espíritu de Lluch: "el conocimiento y el atrevimiento precisamente a ir más allá," y la ambición de "hacer cosas, querer conocer las cosas interesantes...".
La defensa del diálogo ante la muerte
El presidente de la Fundación concluyó su intervención con una poderosa reflexión sobre el concepto de diálogo, eje central del pensamiento de Lluch y tristemente ligado a su asesinato. Majó recordó la última e implacable respuesta de ETA a esta propuesta.
Pie de vídeo. La periodista Gemma Nierga recogió este hilo conductor, aportando una visión profundamente personal y conmovedora sobre la postura de Ernest Lluch ante el terrorismo y el diálogo . Nicolas Sokolov/ Catalunya Press.
Gemma Nierga compartió su convicción, que considera inspirada por el propio espíritu de Lluch: "Ernest, seguro que con quien lo mató habría intentado dialogar. Seguro, con la íntima esperanza de salvar la vida." Ante el debate sobre si dialogar con terroristas, Nierga fue rotunda, exhortando a los presentes: "Ustedes, ustedes que pueden, dialoguen". La periodista rechazó la frase hecha de que una muerte "deja sin palabras", asegurando que la muerte de Lluch le hizo "venir" las palabras y el imperativo de diálogo.
Anécdotas íntimas
El acto también estuvo marcado por momentos de calidez y humor que recordaban la personalidad cercana de Lluch. Joan Majó bromeó sobre su experiencia como diputado junto a Lluch: "No podéis saber lo aburrido que es ser diputado de un partido que tiene mayoría absoluta", una vivencia que compartieron durante un tiempo en el Congreso.
Un recuerdo íntimo
Es de Mireia Lluch , sobre un momento personal de su juventud donde Ernest Lluch, actuando de padre preocupado y de médico, intentó ayudarla con la regla, haciendo que un especialista le explicara con todo detalle el proceso, incluso bromeando sobre "poner la compresa en las rodillas," lo que generó risas en la audiencia.
Lo que queda tras las lágrimas de la ausencia y las sonrisas del recuerdo no es solo una fotografía atrapada en el tiempo, sino el patrimonio vivo que Ernest Lluch legó a España. Su trabajo sigue siendo una fuerza transformadora para la sociedad entera, no solo para sus colegas, familiares y amigos, sino también para las generaciones actuales que no llegaron a conocerle. Lluch era un ejemplo de buen trabajo para la sociedad, cuyo espíritu se materializó en dos pilares fundamentales: la Ley de Sanidad Universal de 1984, que sigue garantizando la atención a todos los ciudadanos, y su firme defensa de la educación y la universidad pública.
Este legado de servicio público se complementa con una filosofía inmutable: el coraje intelectual del Sapere Aude ("atrévete a saber") y la urgencia moral del diálogo ante cualquier conflicto, incluso frente al terrorismo que trágicamente acabó con su vida. 25 años después de su asesinato, el mensaje del acto es claro: el legado de Ernest Lluch es una hoja de ruta para la convivencia, demostrando que su nombre y sus principios siguen siendo más necesarios y vigentes que nunca para construir una sociedad más justa e informada.
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