“Una bufetada a temps”: los cambios en el sistema educativo vistos con buen humor
La copernicana transformación experimentada por las metodologías educativas en el último medio siglo satirizada por Marta Buchaca en un divertido sainete (Villarroel)
“A, ante, bajo cabe, con contra…”, “Dvina, Vístula, Elba, Rin, Loira, Tajo…”, “Antofagasta, Valparaíso, Santiago, Concepción”…. Sigo evocando aquellos conocimientos que aprendí de carrerilla alrededor de los diez años y compruebo que algunos de ellos todavía soy capaz de recitarlos de pe a pa (no todos claros, la mayoría se han ido borrando…) Porque, para mal o para bien, soy fruto de aquel sistema educativo esencialmente memorístico que incluía, entre otros rasgos, el uso de una cierta coacción física como eficaz instrumento correctivo. Rasgos que hoy no solo han quedado arrumbados en el desván de la historia, sino que están, además, severamente y explícitamente condenados, como es el caso de este último recurso. El cambio ha sido tan veloz y radical que ha producido desajustes no ya a nivel escolar, sino incluso en la intimidad familiar, cuando los mayores educados con aquella otra metodología tan diferente comprueban desorientados que los instrumentos educativos que utilizaron con ellos son hoy inaplicables.
El tema es, sin duda, importante y ha sido y sigue siendo analizado con rigor por expertos de toda laya, pero Marta Buchaca se ha atrevido a reflejarlo teatralmente y, con el fin de evitar un didactismo fuera de lugar en cualquier espacio escénico, ha tenido el valor de hacerlo con las herramientas de la sátira y el humor. Porque en realidad “Una bufetada a temps” (Villarroel) puede ser considerado con toda propiedad un verdadero sainete.
El eje argumental parte de la reacción suscitada en el abuelo por el comportamiento manifestado por un niño de diez años capaz de insultarle con un término degradante y barriobajero, así como de partirle la nariz a su padre con el mango de la ducha. Vamos, una criatura de mucho cuidado, pero a la que la normativa actual impide que se le administre el tradicional escarmiento de un bofetón, al punto que, informados de tal hecho en su centro escolar, se plantea la disyuntiva de tener que denunciar al autor de tan infamante conducta.
No vamos a añadir más porque si lo hiciéramos el lector perdería acaso el interés por ver esta comedia que admite diversas lecturas. Ciertamente invita a poner en tela de juicio lo que hoy es una tesis indiscutible y, en este sentido, el texto de Buchaca complacerá a los partidarios de la nueva pedagogía. Pero tal como adelantábamos al principio, la autora ha huido de un didactismo soporífero y ha optado por tamizar los hechos tamizándolos y haciendo que la sucesión de lances que se van produciendo sobre el escenario susciten la sonrisa, cuando no la carcajada de los espectadores.
Tarea que desarrolla con toda eficacia Ramón Madaula, el abuelo, quien asume el rol de superviviente de la vieja escuela o, dicho sea de modo más explícito, el papel de “malo”, autor de la bofetada que recibe su nieto como reacción al insulto que este profiere. Con Madaula, Montse Guallar, Marc Rius, Eudald Font y Sara Diego, todos ellos dirigidos por la propia autora.
Como en este caso no se trata de dar lecciones morales desde el escenario, Buchaca evita hacerlo, pero deja la puerta abierta para que cada cual, después de haber reído, no deje sin embargo de pensar en la adecuación o inadecuación de las herramientas educativas de antaño, pero también de las actuales.
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