¿Cómo evitar la pérdida de los mejores?
Un objetivo fundamental de la educación, en cualquiera de sus niveles, es que los estudiantes salgan de las aulas estimulados y capacitados para comprender puntos de vista ajenos; y desarrollen una mente abierta para escuchar, mirar y leer de forma apropiada. Es capital que los ciudadanos aspiremos siempre a ser honrados, tolerantes y ecuánimes y ejercitemos de continuo estas cualidades, valorando ser respetuosos y objetivos con respecto a quienes sostienen ideas y creencias diferentes o contrarias a las nuestras.
No pocas veces las apariencias engañan. El historiador valenciano Ricardo García Cárcel advierte el engaño de los falsos tolerantes, aquellos que se jactan de serlo en tanto carecen de fuerza suficiente para ser intolerantes; con hipocresía fingen rectitud y benevolencia. Gran especialista en el conocimiento de la Leyenda Negra y de las Inquisiciones, el profesor García Cárcel acaba de publicar junto al historiador donostiarra Juan Pablo Fusi Vidas españolas. Se trata de "una polifonía de historias de individuos" que aceleraron nuestro progreso material y moral.
De forma automática se propagan estigmas de inferioridad biológica, moral o intelectual, con los que se afianzan el racismo, el clasismo y todas las fobias sociales. No sólo esto, con demasiada frecuencia las autoestimas personal y colectiva quedan hechas unos zorros al creerse todo lo malo que se dice y se da por hecho inapelable.
Hay un párrafo del profesor García Cárcel en Vidas españolas, especialmente elocuente y persuasivo:
"El mestizaje antropológico y cultural es la realidad más palpable del legado de la conquista de España en América y esto generó un balance más positivo que negativo. La manipulación de la memoria trasladada a la política puede generar, y de hecho genera, problemas graves cuando las interpretaciones simplistas y maniqueas se pretenden imponer sobre la propia complejidad de la realidad".
Francisco de Vitoria (1483-1546), dominico, célebre jurista y catedrático de la Universidad de Salamanca, vivió quince años en París, como estudiante y como profesor. De su pensamiento y doctrina se desprende que el cristiano debe anteponer su conciencia a las disposiciones de la autoridad, sea civil o eclesiástica. Es uno de los personajes de quienes hace semblanza García Cárcel. Yo me quiero fijar aquí en otro más, que es ejemplo de lo que España pudo ser y de cómo, al compás de su ejemplo, puede ser. Me refiero a otro fraile, Hernando de Talavera (1430-1507) procedente de una familia judeoconversa. Con 12 años de edad fue llevado a Barcelona, donde aprendió catalán y caligrafía, de la mano de Vicente Panyella. Aquel niño llegó a catedrático de Filosofía Moral en Salamanca, puesto al que renunció con sólo 35 años (había sido ordenado sacerdote seis años antes). Isabel la Católica (1451-1504) quiso conocerlo en 1475 y le pidió que fuera su confesor, lo incorporó al Consejo Real y pasó a ser uno de los hombres más influyentes de España.
Se opuso a que se formase la Inquisición y fue partidario de culminar la Reconquista. Es el primer arzobispo de Granada y puso en marcha la nueva diócesis. Aprendió árabe; pretendía evangelizar a los musulmanes con pausa y sin prisa, de modo que "ellos tomen nuestra religión y nosotros su lengua". Promovió el primer diccionario árabe-español. Hizo buscar clérigos que conocieran la lengua árabe para enseñar y confesar. Los musulmanes lo llamaron Alfaquí Santo, santo doctor de la ley. Para él, la autoridad debe ir acompañada de la razón y el motor de la conducta debe ser el amor y no el temor. Fue acusado de hereje y de 'judaizar', por los de siempre (fanáticos con distintas ideologías están siempre a punto, por los siglos de los siglos).
Urgido por la inmediatez y la obsesión uniformadora, el cardenal Cisneros (1436-1517) desplazó aquella política sabia y paciente por un modo de hacer agresivo que desembocó en la rebelión de los moriscos (en 1499, al poco de llegar a Granada, hizo quemar miles de libros sagrados para los musulmanes y salvó los de medicina, filosofía y crónicas). Hernando medió, consciente de que el problema de los judeoconversos y los musulmanes no era estrictamente religioso, y sólo era resoluble desde una monarquía con capacidad de integración. "Su sensibilidad hacia la cultura –escribe Ricardo García Cárcel- partió siempre del principio del aprecio general a las personas, asumiendo valores culturales diferentes a la fe cristiana".
En enero de 1582 los inquisidores valencianos propusieron echar a los moriscos valencianos y "meterlos en Castilla la Vieja, lo más lejos de esta corte" y no expulsarlos a Berbería, porque al fin son españoles como nosotros. La expulsión comenzó años después, en 1609. Es imposible consolarse por la pérdida de influencia de los mejores.
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