La tragedia que amenaza a Europa: migración sin políticas migratorias adecuadas
Las cifras demográficas presentadas recientemente por el Banco Mundial muestran un escalofriante desfase entre el número de personas que nacen y el de puestos de trabajo se crean para absorberlos cuando lleguen a la edad laboral.
Según sus datos, se estima que aproximadamente 1200 millones de jóvenes en países en desarrollo, principalmente en África subsahariana, pero también en Asia y América Latina, llegarán a la edad de trabajar (población económicamente activa) entre 2025 y 2040.
El problema está en que, si se mantienen las condiciones económicas actuales, solo se crearán unos 400 millones de empleos en el mismo lapso; ¡habrá un déficit de 800 millones de empleos!
Para mediados de siglo se estima que la demanda de empleo crecerá hasta unos 18 millones al año; más de lo que generó toda la economía estadounidense en su mejor año de recuperación post pandemia.
El problema es que la situación no se resuelve sola, se necesita capacidad de gestión y una política migratoria consensuada, y en ese aspecto las políticas migratorias de Europa están más fragmentadas que la del sistema de pensiones.
Un alarmante ejemplo de cómo evoluciona la demografía de África subsahariana y que puede aplicarse a la mayoría de los países que la conforman, es Nigeria.
En 1950 su capital, Lagos, era una ciudad portuaria colonial manejable, con unas 300 mil personas. Hoy, en 2026, tiene más de 17 millones de habitantes. Quiere decir que ha multiplicado por 57 su población en 75 años. Lagos necesitó tres generaciones para lograr eso, y se proyecta que llegará a 40 millones en los próximos 25 años, y la mitad de ellos tendrán menos de 18 años; la mayoría vive en asentamientos informales con acceso irregular al agua, sin red de saneamiento, sin luz eléctrica garantizada, el desempleo juvenil supera el 40% y la mayoría de los que trabajan gana menos de un euro al día.
Visto lo anterior, podríamos concluir que Nigeria es un fracaso, sin embargo, convendría más bien, ser considerada como el futuro de África del sur, a los efectos del análisis, la toma de decisiones y la definición de políticas.
Habría que agregar que esto no solo está ocurriendo en el medio urbano, también ocurre en el medio rural, cuyas tasas de fertilidad serán las más altas del planeta (6 hijos por mujer) en los próximos años.
Adicionalmente, en el caso de los africanos de 18 a 24 años, se sabe que más de la mitad ha considerado emigrar y miran hacia Europa, con razón, porque saben que sus países están envejeciendo y necesitan trabajadores.
Y Europa ya está experimentando lo qué pasa cuando hay un excedente de mano de obra y no hay oferta de trabajo que pueda cubrirlo.
Así que, para Europa principalmente, la migración es una bomba de relojería que hay que comenzar a desarmar ahora, antes de que les explote en la cara.
Y es que los sistemas de bienestar europeo son enormemente atractivos para quien viene de fuera, pero que financiarlos con una población nativa envejecida, y una población inmigrante que tarda años en adaptarse y ser plenamente productiva, es matemáticamente imposible.
Alemania, lo entendió antes que nadie y concibió una gestión inteligente de la migración: firmó acuerdos con Kenia, Marruecos y Nigeria para traer trabajadores cualificados y seleccionados con criterio quirúrgico (desde conductores de autobús hasta médicos), y cubrir un déficit anual estimado en 288.000 trabajadores debido a su envejecimiento poblacional.
No optó por la apertura indiscriminada de fronteras tal como, por ejemplo, Francia y parcialmente España, ni tampoco un cierre total como exigen otros.
En este sentido, la realidad como siempre es más compleja y más incómoda que los extremos de la xenofobia y las fronteras abiertas, así como las posiciones derivadas de posturas ideológicas como derechas o izquierdas.
Lo cierto es que Europa no ha podido establecer criterios claros en la mayoría de los países de la Unión. Muchos tienen miedo y el miedo en política migratoria nunca genera buenas decisiones. Ese miedo, ese pánico a la superpoblación o a las exigencias presupuestarias, lleva décadas distorsionando el debate, pues confunde consumo de recursos con número de personas.
En los años 70 estos argumentos se usaron para justificar políticas, hoy se usa para argumentar que la migración africana es insostenible.
Este es uno de los errores analíticos más frecuentes y más peligrosos, pues un niño que nace en Níger consume a lo largo de su vida, una fracción infinitesimal de los recursos que consume un niño que nace Noruega.
El problema de los recursos no es ¿cuánta gente?, es como consume y cómo se distribuye lo producido, en síntesis, el problema está en el modelo económico.
Los países más poblados del mundo no son los que más contaminan ni los que más presionan sobre los recursos naturales por habitante, son los más ricos. Por tanto, el argumento de que no podemos recibir migrantes porque el planeta no aguanta más gente, es en el mejor de los casos, una confusión conceptual, y en el peor, una excusa con barniz ecológico para decir algo que no te atreves a decir abiertamente.
El verdadero problema de los recursos no es global, es local, es que hay regiones y lugares que ya no puedes sostener a la gente que la habita y eso exige soluciones locales: inversión en agricultura en infraestructura hídrica, y especialmente en educación femenina, porque cuando las mujeres se educan, y eso está harto probado, la fertilidad baja en todas las culturas sin importar su religión ni su ideología.
Alex Fergusson
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