“Habemus Papam”

Por segunda vez, el humo pone en portada a León XIV

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El Vía Crucis del Papa León XIV frente al Coliseo para las celebraciones de Pascua en Roma, Italia - Viernes 3 de abril de 2026 - EUROPA PRESS

 

El 8 de mayo de 2025, por la chimenea que asoma por el tejado de la Capilla Sixtina, salió humo blanco.  Ascendió hacia el cielo para poner al corriente a Nuestro Señor y al común de los mortales, de que Robert Francis Provost había sido elegido Papa. “Habemus Papam”. Sintonizando con esta tradición católica, la plaza del Vaticano se llenó de vítores y aplausos. El investido León XIV no tardó en salir al balcón y en repartir bendiciones a todos los congregados. En su despacho del Palacio Apostólico se puso a trabajar de inmediato, sobre todo, en aquellos temas en los que los papas no se mojan demasiado y si lo hacen, ligeramente por encima de los tobillos.

Casi un año después, el humo ha vuelto a subir a los cielos y León XIV ha salido de nuevo a la palestra, no para repartir bendiciones, sino para posicionarse sobre la deriva en la que están cayendo mandatarios absolutistas de este mundo. En esta ocasión el humo ha sido negro, ha salido por la chimenea de Oriente Medio y ha estado provocado por los proyectiles que lanzan aquellos que se creen con derecho a saltarse todas las leyes y en llevarse por delante a quien se cruce en su camino, incluidas mujeres y niños. En esta segunda fumata no solo se llenó la plaza del Vaticano de vítores y aplausos, también todas las plazas del mundo civilizado, de creyentes y no creyentes, incluidas las de EE.UU y de Israel.

Lo que ha hecho León XIV es cumplir con su obligación, como ser humano y sobre todo como Papa de una iglesia católica que está bien que predique en el desierto, pero que el mar también existe y, si es necesario, hay que mojarse hasta el cuello. Por mojarse hasta el cuello a Jesús le crucificaron en el monte Calvario y, para asegurarse de su muerte, le clavaron una lanza en el costado. No deseo que crucifiquen a nadie, ni siquiera a Trump, pero, dadas las estupideces e irreverencias con las que se está recreando, insisto en que lo mejor sería internarle en un psiquiátrico. No veo ningún inconveniente en que en la litera de abajo le acompañara su amigo Netanyahu.

El “empalador” del momento, el que ha perdido el oremus y anda jugando vergonzosamente con imágenes religiosas,  tiene al pontífice en el punto de mira, pero su bravuconería cobarde no irá más lejos que al patio de juego en el que está acostumbrado a llevarnos.  Desde el mundo civilizado, en el que se encuentra el Papa y otros muchos seres humanos, se observa con estupor lo que está pasando. Muchos, incluido el Papa, se han pronunciado en contra de esta barbarie, espero que más pronto que tarde estos haceres sean juzgados por los tribunales de justicia nacionales e internacionales.

En mi opinión, en la actualidad, en el pódium del absolutismo se encuentran Trump, Netanyahu y Putin, pero hay otros que, aunque no llegarán nunca a estarlo, aplauden fanática y frenéticamente a los mencionados. Por el bien de la humanidad, alguno, como el finiquitado Viktor Orbán ya no están en la carrera y otros, de semejante calaña, me inclino a pensar que algo están cambiando. Que Georgia Meloni se posicione en contra de la guerra y de quienes la han provocado, se merece vítores y aplausos. Si Santiago Abascal sigue el mismo camino, creo que me iré a la playa a tomar el sol un rato.


 

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