Cada día un golpe
Nuestros políticos tienen la malsana afición de dar burdas lecciones éticas, con más énfasis y cinismo cuanto más carecen de valores y principios. Desarrollan una insoportable farsa que narcotiza y nos aparta del camino del progreso social. Asimismo, reivindican una memoria histórica bizca y parcial. Pero la verdad es que muchos jóvenes ignoran quién fue Franco o qué hizo ETA. No tienen ni idea. Y entre quienes saben algo, cabe preguntarse cuántos tienen una imagen que se aproxime a su realidad objetiva, o a cuántos les importa tenerla.
Hablemos de José Antonio Primo de Rivera, quien fundó Falange Española al acabar octubre de 1933. El 14 de marzo de 1936 (día en que fueron encarcelados dos mil falangistas) fue detenido y ya no salió de la cárcel. No habían pasado dos meses cuando se le trasladó de Madrid a Alicante, donde sería fusilado el 20 de noviembre de 1936 por 'conspiración y rebelión militar' contra la República; un asesinato legal bendecido por Juan García Oliver y Federica Montseny, pero no por Buenaventura Durruti. Éste, que murió de forma confusa pocas horas antes que Primo de Rivera, consideró una insensatez y un error capital aquella sentencia de muerte, "si llega a consumarse, morirá también toda esperanza de reconciliar a los españoles antes de muchas décadas". No sé cuántos sabrán que en los cinco años que duró la República se produjeron más de 2.600 muertes por violencia política y hubo connivencia de los poderes públicos. O que antes del golpe de Estado ya funcionaba en Madrid una checa, al lado de un asilo infantil, donde se asesinaba y torturaba de forma particularmente brutal.
Franco ocultó a sus súbditos la muerte de José Antonio y no la comunicó hasta nueve meses antes de su trágica victoria. Se apropió de su imagen y la manipuló de forma vulgar y eficaz. Los retratos de uno y otro iban siempre juntos y martilleándonos por todas partes, no sólo en las escuelas. Con su Diario secreto de José Antonio (Espasa), José Antonio Martín Otín (Petón) aporta un documento insólito e inesperado acerca del ausente: ha obtenido una de sus agendas personales (del tamaño de un paquete de cigarrillos), donde con letra minúscula Primo de Rivera escribió unas notas en marzo de 1936 (a partir del día anterior a su detención). Dice Petón que hasta ahora esta agenda ha estado en manos de sólo dos o tres personas, una de las cuales debió de arrancar páginas (las que van del 23 al 27 de marzo y quizá otras posteriores); se trata de un documento reproducido en las páginas finales del libro, en fotografía a color.
Hombre culto, apasionado, entusiasta y veraz, Petón tiene orígenes joseantonianos y antifranquistas y estuvo encarcelado en los años finales de la dictadura. Entiende que, a diferencia de Ramiro Ledesma (y tantos otros), José Antonio dejó atrás su fascismo inspirador. No está de más recordar que Carlos Rojas obtuvo en 1977 el premio Ateneo de Sevilla con un libro donde fantaseaba con la evolución ideológica de este personaje carismático.
¿Qué aporta el documento descubierto por Petón? Humaniza a su autor y lo desmitifica. Por ejemplo, la dictadura franquista lo presentó como un tipo asexuado, cuando en realidad tuvo varias relaciones; una de ellas, con Elizabeth Asquith, hija de un premier británico, casada con el embajador de Rumanía en España y amiga de Manuel Azaña. Por otro lado, Petón refiere la sinceridad con que reconocía sus limitaciones o describía algunos de sus defectos.
Se deja evidencia aquí de que no organizó el golpe, sino que se sumó a última hora, en la idea de que fuera "rápido, certero, justo y en lo posible garantista del orden republicano". Un problema imposible de lidiar, escribe Petón, es que "en el otro lado los mataban; y es difícil añadir otro motivo, aunque no sea necesario ninguno más". Hubo serias contradicciones ideológicas entre un sector revolucionario y otro reaccionario de un partido que no tenía tres años: "Siguen pensando que esta es una tropa de alquiler al servicio de la derecha y de los generales", escribió Primo de Rivera en su Agenda Juris. Concluyó con este escarnio: "otra vez anda por la calle la máscara de la heroicidad".
En los dos bandos en guerra hubo tremendas crisis en 1937: los enfrentamientos de mayo entre antifascistas se saldaron con centenares de muertos y mil heridos en Barcelona. Dos semanas antes, Franco decretó la fusión de falangistas y carlistas y puso bajo sus órdenes un partido único. Exterminada la cúpula falangista, los militantes se liaron a tiros entre sí. Manuel Hedilla, sucesor de José Antonio, fue condenado a muerte por Franco y sólo a última hora se le conmutó la pena. Perico Durruti, hermano menor de Buenaventura, considerado como anarco-falangista, fue fusilado sin contemplaciones por los franquistas.
Petón ofrece una faz oculta de José Antonio, la de su intimidad al final de sus días. Pero todo es poco para desfacer entuertos interesados.
Escribe tu comentario