María Corina Machado se equivoca al no reunirse con Pedro Sánchez por miedo a Trump
María Corina Machado, pese a no haber sido cabeza de lista en las pasadas elecciones legislativas de Venezuela, es la líder que sigue luchando para que su partido, que ganó los comicios a pesar del presunto fraude orquestado por Nicolás Maduro y sus aliados, pueda acceder a la presidencia mediante nuevos sufragios, «tutelados» por Estados Unidos. Edmundo González, quien encabezaba la lista, fue una solución temporal para aplacar a ciertos sectores. Ahora que la salud no acompaña al exdiplomático, quien ha dado un paso al lado, Machado ha decidido, tras recibir el Premio Nobel, recorrer Europa para contactar con líderes afines a su ideología: el presidente de Francia, Emmanuel Macron; el canciller alemán, Friedrich Merz; el primer ministro de los Países Bajos, Mark Rutte; y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, entre otros.
Como era previsible, España figuraba en esa gira de contactos y de marketing político. Lo que pocos imaginaban es que en la agenda no se contemplara una entrevista con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ni con ningún miembro de su Ejecutivo. Una decisión equivocada por varias razones: en España residen unos 700.000 venezolanos, de los cuales 3.800 conservan únicamente la nacionalidad de origen, mientras que 278.000 cuentan con la española. Unas cifras muy significativas. España se ha convertido para ellos en una tierra de acogida, al igual que Venezuela lo fue en su día para miles de españoles. El Gobierno de Sánchez medió en su momento para facilitar la salida de Edmundo González, quien hubo de refugiarse en la embajada española en Caracas tras denunciar el presunto fraude electoral. Unas negociaciones complejas que culminaron con su llegada a Madrid, donde reside junto a parte de su familia.
María Corina Machado está en deuda con el Gobierno español, independientemente de la ideología, incluso si no comparte su línea política. Ignorarlo deliberadamente ha sido un error: denota falta de respeto institucional, prepotencia, mala educación y desagradecimiento. Como justificación, la aspirante a la presidencia alegó que «las declaraciones de Barcelona confirman que ese encuentro no debía hacerse, por lo que no era conveniente». Sin embargo, en su agenda sí figuraban reuniones con miembros del PP: Alberto Núñez Feijóo, Isabel Díaz Ayuso, José Luis Martínez-Almeida, Pedro Rollán, José María Aznar e incluso con Santiago Abascal, líder de Vox.
Machado ha evitado entrevistarse con Pedro Sánchez por temor a Donald Trump, presidente de Estados Unidos, quien sabe perfectamente la actitud que mantiene hacia el mandatario español. Prefiere no molestar al inquilino de la Casa Blanca, pues ella misma declaró ante la prensa: «Voy a volver a Venezuela. Lo estoy haciendo en coordinación con Estados Unidos». Muchos recuerdan la «humillación» que sufrió Machado a manos de Trump, enfadado por no haber recibido el Premio Nobel de la Paz, otorgado a la venezolana. Para apaciguarlo, solicitó una audiencia con él para entregarle su galardón. Una imagen, cuando menos, denigrante. Más tarde, cuando Machado creía que ese gesto le granjearía su apoyo, Trump declaró que no la veía como futura presidenta. No es de extrañar: Trump ha pactado con el chavismo y ha dejado al frente de Venezuela a Delcy Rodríguez, mano derecha de Nicolás Maduro hasta su detención. Ella controla el país, le sirve para sus objetivos y, de momento, no se habla de elecciones, ni de apoyo a Machado. La situación actual le conviene al presidente norteamericano. Pese a todo, Machado sigue aceptando lo que dicte Estados Unidos, hasta el punto de permitir que la humillen y evitar cualquier gesto que pueda incomodar al que algunos califican como emperador o dictador del mundo.
Resulta irónico que la líder de la oposición venezolana justifique su negativa a hablar con Pedro Sánchez argumentando que este se «reúne con comunistas», algo que no gusta a Trump. La ironía aumenta si recordamos que su abuelo, Gustavo Machado Morales, fue abogado y político comunista, fundador del Partido Comunista de Venezuela y del Partido Comunista de Cuba. Según se escribía en su época, Gustavo Machado era categóricamente antiimperialista; toda su vida giró en torno a la búsqueda de caminos de liberación para los pueblos oprimidos por Estados Unidos. Consciente de los planes del imperio, no dudaba en afirmar que los regímenes latinoamericanos actuaban como gendarmes del capital financiero, tolerados, apoyados y reemplazados según sus intereses. Para Gustavo Machado, Venezuela era el ejemplo vivo de un gobierno servil; Gómez y Betancourt encarnaban la sumisión exigida por Washington. Como se puede apreciar, María Corina Machado representa hoy una sumisión total a Estados Unidos, precisamente lo que su abuelo tanto detestó. Machado se equivoca al ignorar al Gobierno español, le moleste o no la colaboración de Zapatero con el régimen de Maduro. Más allá del error y la falta de respeto, difícilmente llegará a la presidencia de Venezuela si Trump no la respalda.
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