La policía británica detiene al expríncipe Andrés por el contenido de los archivos del Caso Epstein

En el marco de la investigación abierta por sus vínculos con Jeffrey Epstein. 

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Pie de Foto:January 26, 2026, Windsor, Berkshire, UK: Windsor, UK. Andrew Mountbatten-Windsor is seen driving on The Long Walk in Windsor. Foto: Europa Press / Marcin Nowak - Only For Use In Spain

 

 La Policía británica ha detenido este jueves al expríncipe Andrés Mountbatten-Windsor en el marco de la investigación abierta por sus vínculos con Jeffrey Epstein. La operación, adelantada por la BBC, se ha llevado a cabo en su residencia de Wood Farm, en la finca de Sandringham, el mismo día en que el hermano menor del rey Carlos III cumple 66 años. El arresto se produce por su presunta implicación en un delito de mala conducta en el ejercicio de un cargo público.

Una intervención policial de alto perfil


A primera hora de la mañana, seis vehículos policiales sin distintivos y un equipo de agentes de paisano accedieron a la propiedad para practicar un registro. La actuación forma parte de una investigación más amplia que la policía de Thames Valley mantiene abierta desde principios de mes, centrada en la posible transferencia de documentos gubernamentales confidenciales al difunto delincuente sexual Jeffrey Epstein.

 

 

En un comunicado, la policía ha confirmado la detención de “un hombre de unos sesenta años de Norfolk bajo sospecha de mala conducta en un cargo público”, así como la realización de registros en domicilios de Berkshire y Norfolk. El expríncipe permanece bajo custodia policial mientras avanzan las diligencias.

El caso Epstein vuelve a sacudir a la monarquía británica


La detención supone un nuevo capítulo en la larga crisis institucional que rodea a Andrés desde que salieron a la luz sus vínculos con Epstein. El pasado octubre, el Palacio de Buckingham le retiró todos los títulos y prerrogativas que aún conservaba, incluidos el tratamiento de Su Alteza Real y los títulos de duque de York, conde de Inverness y barón Killyleagh. También perdió las condecoraciones honoríficas que mantenía de forma simbólica.

La Casa Real ha mantenido desde entonces una estrategia de distanciamiento absoluto, evitando cualquier gesto que pudiera interpretarse como apoyo institucional. La detención refuerza esa línea y sitúa al expríncipe en una posición aún más delicada.

Los archivos recientemente publicados por el Gobierno de Estados Unidos, que apuntan a la posible entrega de documentación sensible por parte de Andrés a Epstein, han sido determinantes para reactivar la investigación. La policía británica considera que estos indicios justifican la detención y los registros practicados.

 

 

El delito de mala conducta en un cargo público, aunque infrecuente, contempla penas significativas en el ordenamiento británico. La investigación deberá determinar si el expríncipe utilizó su posición institucional para facilitar información o favores al entorno de Epstein.

Un deterioro progresivo de su situación personal e institucional


La figura de Andrés ha quedado progresivamente apartada de la vida pública desde 2019, cuando su entrevista televisiva sobre el caso Epstein generó un rechazo generalizado. Desde entonces, su presencia se ha limitado a actos privados y residencias alejadas del foco mediático.

La detención de este jueves profundiza su aislamiento y abre un escenario judicial de consecuencias imprevisibles. La monarquía británica, inmersa en un proceso de contención reputacional, deberá gestionar ahora un episodio que vuelve a situar en el centro del debate la responsabilidad institucional de sus miembros.

El expríncipe permanecerá bajo custodia mientras se completan los interrogatorios y se analizan los materiales incautados en los registros. La policía no ha precisado plazos, pero se espera que en los próximos días se determine si pasa a disposición judicial o queda en libertad bajo fianza.

El caso, que combina elementos de seguridad nacional, conducta institucional y vínculos con una red delictiva internacional, se perfila como uno de los más sensibles para la monarquía británica en las últimas décadas.

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