El país nórdico, conocido por su dependencia de la energía eólica y la promoción del ciclismo, se ha comprometido a reducir la contaminación que contribuye al calentamiento global en al menos un 82 % para 2035, tomando como referencia los niveles de 1990.
A mitad de la COP30, Greenpeace ha instado a los líderes mundiales a adoptar una agenda climática y forestal que ponga la justicia, las personas y el planeta en primer lugar.