La cita de este año no es una reunión de aliados tradicional, sino un careo entre dos visiones del mundo: la de quienes intentan preservar las reglas internacionales y la de quienes, según el propio informe del foro, han llegado con una "bola de demolición".
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, lanzó este jueves una severa advertencia a los miembros de la alianza, señalando que podrían convertirse en el "próximo objetivo de Rusia" y urgiendo a un aumento rápido en el gasto de defensa para prevenir un conflicto de gran escala.
Un punto central de la declaración es el compromiso de intensificar el apoyo financiero a Kiiv.