​Bin Laden al aparato

Miquel Escudero

BIN LADEN


Tengo a mi lado el libro ‘50 discursos que cambiaron el mundo’ (Turner), está editado por Andrew Burnet e incluye alocuciones tanto de Churchill, Lenin y Mussolini como de Arafat, Suárez y Clinton, por dar algunos nombres de políticos. He seleccionado para comentar aquí una del fundador de Al Qaeda. En 2004, los canales de televisión Al Jazeera y Al Arabiya difundieron una grabación de Osama bin Laden. Es un ejemplo de intimidación y tergiversación que sería provechoso analizar. ¿Por qué? Porque nos ha de permitir vacunarnos contra su mensaje tóxico, simple y chantajista. Tras alabar a Dios Todopoderoso, el terrorista se dirigía a “nuestros vecinos del norte del Mediterráneo” (así, tal cual). E inmediatamente asociaba las matanzas del 11S y del 11M con la situación de Palestina: unos actos que “son una reacción a los vuestros, al exterminio de nuestros hermanos”, así que “os pagamos con la misma moneda”.


Con estos argumentos no hay nada más que atender. Es la guerra. Los responsables, señalaba Bin Laden, no son los islamistas asesinos ni las propias víctimas, sino las autoridades políticas de éstas: “Los responsables de las injusticias que sufrimos y sufrís vosotros son vuestros políticos, que -a pesar de vuestra oposición- envían a vuestros hijos a nuestros países para que maten y sean matados”.


Insiste en el mensaje de que “el medio más eficaz para lograr la seguridad es combatir la injusticia y repeler la agresión”. Así, todos y cada uno de sus atentados quedan bendecidos y tienen bula. Pero vosotros “vecinos del norte del Mediterráneo” no debéis tener miedo, porque durante tres meses os abro la puerta de la ‘reconciliación’ (la retirada de las tropas extranjeras). Y reiteraba: “Que la paz sea con quienes se dejan aconsejar” (con quienes me dejéis el campo libre). “Dejad de derramar nuestra sangre si queréis conservar la vuestra”. En vuestra mano está, viene a decir, este arreglo. “Sabéis de sobra que el conflicto se extenderá y agravará si seguís aplazando vuestra decisión. Y no nos culpéis a nosotros”. “Nadie sensato sacrifica su seguridad, su dinero y a sus hijos para complacer al mentiroso que hay en la Casa Blanca”. 


Si nuestros gobernantes no fueran mentirosos ni pérfidos, como con frecuencia lo son, nos pasaría tres cuartos de lo mismo. Estos islamistas eran y son insaciables, pero no nos nublarán ni el ánimo ni el entendimiento.

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