​No contra Franco, sino contra España

Miquel Escudero

Eta jarrai 20042018


El historiador Gaizka Fernández se doctoró con la tesis 'Héroes, heterodoxos y traidores. Historia de Euskadiko Ezkerra'. Más allá del empuje que da la curiosidad, prosiguió su labor investigadora al considerar un deber para los historiadores ahondar en el fenómeno etarra de forma rigurosa, y una responsabilidad cívica el hacer llegar sus conclusiones a la sociedad en la que vivimos. De este modo, Gaizka se dispuso a abordar la génesis y metástasis de la violencia de ETA en La voluntad del gudari (Tecnos).


En este volumen somete el canon nacionalista a la crítica racional. En 1964, el dirigente etarra Julen Madariaga escribió que el odio de uno de los resortes humanos más potentes: “hay que saber aprovecharlo, canalizarlo y lanzarlo contra el imperialista secular que profana y expolia nuestra amada tierra y a sus habitantes”. Y bien mirado que está, tras esta loa al odio. Desde ese mismo entorno se insistía en que “España es africana, mientras que por naturaleza Euzkadi es europea. De territorio, de sangre, de mentalidad, de genio emprendedor y de cuanto se quiera cotejar”. Con estos racistas, ‘pobres africanos’. ¡Cuánta hipocresía! Sólo hay que dejarles ‘largar’, también sobre sus intenciones: “Franco es un vil testaferro; la criminal es España. No luchamos contra Franco. Luchamos contra España”.


Voltaire aludió al implacable odio que sienten los sectarios contra quienes abandonan su secta. Así la pomposa izquierda abertzale anuló a cajas destempladas a sus heterodoxos. Iñaki Aldekoa, de Herri Batasuna, justificó el asesinato de Yoyes porque ningún ejército puede permitir que “uno de sus jefes de Estado Mayor aparezca paseando por territorio ocupado por el ejército contrario”. Y cabe saber la lección de cómo los euskadikos (EE, los polis milis) fueron arrojados por HB del espacio público, marcados como traidores, acosados en las fiestas populares y en cualquier acto que convocaran. El equipo de Mario Onaindia sumó errores fatales que facilitaron su sometimiento final.


La perversión del odio como agente unificador que extrae al individuo fuera de su propio yo y lo hace girar, en palabras de Eric Hoffer en El fanático sincero: “Lo transforma en una partícula anónima estremecida por el anhelo de confundirse y coaligarse con sus similares en una masa apasionada”. Esto es lo que hay que saber combatir. ME

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