​Sartorius y la necesidad de la verdad

Miquel Escudero

Nicolás Sartorius está entre los políticos de relieve que hubo en España durante la Transición. De origen aristocrático, es uno de los fundadores de Comisiones Obreras y, tras ser condenado en el Proceso 1.001, pasó varios años en la cárcel en las postrimerías de la dictadura franquista. Fue asimismo un destacado dirigente del PCE y portavoz de IU en el Congreso de los Diputados. En 1993 se retiró del escenario político. Ahora lidera la Asociación por una España Federal. Acaba de publicar un breve diccionario de los engaños: ‘La manipulación del lenguaje’ (Espasa), la explotación de la credulidad y tontería humana; una práctica sistemática que conduce a la esclavitud mental.


Sólido en sus planteamientos, Sartorius es coherente y es consciente de la necesidad de ser verdaderos y de no mentir: un rechazo absoluto a los eufemismos que edulcoran lo inaceptable. Así, la posverdad. O la congelación salarial, las rigideces del mercado laboral o el vivir por encima de nuestras posibilidades (por ocultar la evasión de capitales o los regalos fiscales a los más poderosos). En clave estrictamente nacional trata la estupidez de la fórmula 'por imperativo legal' (sea cual sea su forma de pensar todo cargo público promete o jura porque la ley así lo establece y exige) y aborda concesiones absurdas, como la de emplear el término 'izquierda abertzale' (asombrosa, penosa y dañina combinación, señala). El veterano abogado laboralista tiene claro que "los conceptos 'nacionalismo' e 'izquierda' son antitéticos".


La ideología nacionalista en su expresión extremista, dice, conduce al irracionalismo, con objetivos y análisis extraviados que condujeron a la actividad criminal de la banda etarra.


Sartorius reivindica con firmeza el espíritu de la Transición. Y rechaza la fórmula podemita del 'régimen del 78' (insulto a la inteligencia que pretende similitud con el régimen del 18 de julio). Descalifica toda clase de populismo; siempre contrarios a la integración europea e integrantes de la ola de antiglobalización. Destripa con razones el falso 'derecho a decidir' (debilitar a los Estados ante los poderes globales es profundamente reaccionario) o el martilleo de 'presos políticos' y 'judicializar la política' (cuando se trata de afrontar "una sucesión interminable de infracciones de la Constitución, del Estatuto de Autonomía y del Código Penal"). Claro y sin complejos. 

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