La economía del conocimiento

Óscar Hernández Bernalette
Diplomático

Cuando los países concentran sus energías sociales, económicas y laborales en las mejores prácticas existentes, comprobadas a través de los años y con un rendimiento que se convierte en crecimiento y desarrollo sustentable, entonces podemos concluir que los países están recorriendo el camino de la prosperidad. Por el contrario, cuando una nación se enfrasca en la diatriba, en el conflicto, en el manejo de herramientas políticas que con el tiempo han demostrado rechazo, ineficacia y generación de pobreza, entonces estamos ante el retroceso, la desesperanza y la pérdida de oportunidades.


Esta antesala tiene como objetivo introducirme un tema no tan trillado, pero ya suficientemente evaluado, como lo es el de la economía naranja. Genialmente en contraposición a las manufacturas, la denominan “mentefacturas”. Esta no es otra que aquellas actividades de que de manera encadena estimulan que las ideas, las iniciativas, los hallazgos y las observaciones en el marco del tiempo y del espacio, se transformen en bienes y servicios culturales. En otras palabras como diría Descartes, pienso luego existo, aquí estamos ante la opción de piensa, crea una idea y estamos ante la creación y la generación de riqueza. La reproducción de valor la define la propiedad intelectual. Los especialistas en industrias creativas afirman que el “el valor de los bienes y servicios se fundamente precisamente en la propiedad intelectual”.


Muchos creadores, artistas, arquitectos, cineastas, diseñadores de moda y editores así como la industria de juegos, moda, música, publicidad, software, TV y radio tienen poca conciencia que pertenecen a la economía naranja y que su contribución al crecimiento económico es fundamental en estos tiempos. Sus antecedentes están en la “economía creativa” como la definió John Howkins en un famoso texto de principios del milenio sobre cómo se transforman las ideas en beneficios.


Tal como lo explica uno de los expertos en este tema, Felipe Buitrago, en una excelente presentación del BID, esta economía está compuesta tanto por la economía cultural, las industrias creativas y las áreas de soporte para la creatividad. Más de un lector se debe preguntar, ¿Por qué Naranja? Pues el color que se asocia a la creatividad. Mediciones nos indican si esta economía del conocimiento fuera un país, sería la cuarta economía detrás de Estados Unidos, China y Japón; el noveno mayor exportador; y la cuarta fuerza laboral con mas 144 millones de trabajadores. No es cualquier cosa.


No son pocas las buenas experiencias que se asocian a esta realidad. Modelos infinitos. En términos de generación de empleo, son millones de personas en todo el mundo que se benefician. El Cirque du Soleil emplea a más de 5.000 personas y reporta ventas que superan los 800 millones de dólares anuales. Netflix, el video club por correo físico y virtual, tiene más de 33 millones de suscriptores y comercializa anualmente 3.600 millones de dólares por año. El Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, el carnaval de rio son buenos ejemplos. Tal como lo indica el Documento “La economía naranja. Una oportunidad infinita “más de 100 horas de video son subidas cada minuto a Youtube, acumulando en agosto de 2013 6.000 millones de horas de video visitadas por más de 1.000 millones de personas. Allí están otros retos para nuestra región.

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