​Unas elecciones de descarte de partidos, no de convicciones

Carmen P. Flores

Este viernes termina la campaña electoral de las elecciones generales. Sábado de reflexión, descanso, paseo con la familia y recomponer fuerzas de cara al domingo cuando llega la hora de la verdad: votaciones, en las que la ciudadanía va a ejercer el mayor acto de la democracia que nadie debería desdeñar, sino ejercerlo porque durante cuarenta años ha estado negado a los españoles. Nadie debería quedarse en casa, es un acto de responsabilidad peleado por las generaciones anteriores, muchas de las cuales pagaron con sus vidas el retorno de este derecho.


Candidatos 28 A


Estas elecciones no son como las anteriores, la sociedad democrática se juega muchas cosas, la política no es solo cosa de los políticos, no, afecta a todos. Por ello hay que participar en la misma de una manera más directa, sin complejos.


Quizás hay demasiadas personas decepcionadas con la llamada clase política, no sin razón; no obstante, eso no es motivo para no acudir a depositar el voto por aquella formación que más se ajuste a su manera de pensar, ver la vida o represente mejor sus intereses. La oferta ideológica que concurre a estas elecciones puede que no guste al votante y, aunque sea por descarte, como dicen algunos, hay que depositar el voto en las urnas. Seguro que mucha gente votará a una lista para que no ganen otras, aunque no sea realmente lo que les gustaría. Es triste esta situación, pero es lo que hay en el panorama.


La irrupción de la ultraderecha en el panorama político, como respuesta a un independentismo que ha despertado una ideología que muchos creían extinguida -solo estaba dormida o integrada discretamente en la derecha que representa el PP-, no es nada tranquilizador en la sociedad democrática, por lo que representa por y la experiencia de 40 años de dictadura. La derecha, aun estando dividida, al final puede llegar a un acuerdo, son más prácticos. La izquierda siempre tiene más problemas y manías a la hora de llevar a cabo acuerdos. Quizás en esta ocasión puede ser la excepción que confirma la regla aplicada hasta ahora.


Hablar de quien puede ganar las elecciones no es tarea fácil. Lo que sí está claro es que las mayorías se han acabado hace ya algún tiempo, no son buenas, derivan en autoritarismo. Se está ya en la etapa de coaliciones, de pactos; es bueno, aunque en ocasiones la formación del gobierno resulte muy complicada. Está claro que el próximo gobierno será de coalición. Los resultados obtenidos por los partidos marcarán las coaliciones. Será entonces la hora -esperemos que primen los intereses de país y no de partido- de formar un gobierno sólido que gobierne. Y que los partidos políticos cumplan realmente lo que han prometido a lo largo de la campaña electoral. Como decía Mafalda: "A mí me gustan las personas que dicen lo que piensan. Pero por encima de todo, me gustan las personas que hacen lo que dicen."

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