viernes, 13 de diciembre de 2019

Puigdemont pasa el rodillo sobre las listas del PDeCat para las generales

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El expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha vuelto a imponer su voluntad sobre el PDeCat. Aunque sobre el papel, la formación solo debe obediencia a sus cuadros internos, en realidad el presidente fugado lleva años haciendo y deshaciendo a su antojo en el espacio heredero de CDC.


Con motivo de la confección de las listas al Congreso y el Senado para las próximas elecciones del 10 de noviembre, Puigdemont ha tenido una ocasión para humillar de nuevo al partido: obligar a asumir las listas del pasado 28-A sin chistar.


Ningún cambio en las papeletas, esa es la orden que llega desde Waterloo. Esto implica que figuras absolutamente leales a Puigdemont como Jaume-Alonso Cuevillas o Laura Borràs repetirán en puestos de salida en las papeletas del 10-N.


El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont (imagen)


EL PDECAT OBEDECE... PERO SE GUARDA UN AS EN LA MANGA


Puigdemont quiere asegurarse que los grupos parlamentarios tanto en la Cámara Baja como en la Cámara Alta sean de su total obediencia. La lealtad por encima de la idoneidad. Lo que no desea el líder independentista es que estos se vean tentados a transitar el posibilismo que en los últimos tiempos ha ensayado ERC y que, aunque con sordina y con dobleces, desearía una parte del PDeCat.


El secretario general de la formación, David Bonvehí, ha encajado esta nueva exigencia del expresident con la misma resignación con que ha afrontado las anteriores. De hecho, el consejo nacional del PDeCat que se celebrará el próximo sábado 5 de octubre se limitará a ratificar lo que ya ha sido pergeñado en Bélgica.


Sin embargo, este papel títere no le basta a Puigdemont: dado que el proyecto de la Crida no ha fructificado y que es imposible terminar de controlar a muchos cuadros bajos y medios del PDeCat, la idea del líder fugado es que Junts per Catalunya se convierta en las siglas de referencia en este ámbito político del independentismo.


Frente a ello, se opone la vieja guardia convergente que parece haber encontrado en Artur Mas a un potencial aliado. Aunque Mas no ha dado muestras claras para saber a qué casilla ha apostado sus fichas, lo cierto es que a partir del 23 de febrero de 2020 se levantará la inhabilitación que lo mantiene fuera de juego.


Su vuelta a la primera línea del panorama político catalán podría destrozarle los planes a Puigdemont. Aunque solo el tiempo dirá si Mas quiere abrir un nuevo cisma en el independentismo y asumir el riesgo de fragmentar aún más el espacio posconvergente.

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