viernes, 18 de octubre de 2019

No a la xenofobia

Óscar Hernández Bernalette
Diplomático

El ruido de la xenofobia recorre América Latina. Hay que alertar para evitar su expansión. Los gobiernos de la región tienen que trabajar para promover fórmulas pedagógicas que eviten que sus poblaciones encuentren en los emigrantes un enemigo. Los casos recientes de persecución, de amenazas y de rechazo a muchos venezolanos por las matrices de opinión que se generan o por actos delincuenciales a hay que estudiarlos y enfrentarlos en su debida dimensión.


Xenofobia imagen


Es obvio que los países no se merecen contingentes de malhechores y para ello debe haber cooperación internacional para garantizar que no se reciba una minoría que desdice de la mayoría honesta que busca oportunidades en otros países. La xenofobia hay que entenderla y educar para que nuestras poblaciones no caigan en las redes de sectores interesados en generar antipatía por otros nacionales. El histórico papel que han jugado los gobiernos y los pueblos de América Latina de gran nobleza y comprensión ante las necesidades migratorias de un pueblo no deben caer en la tentación xenofóbica y oportunista.


Recordemos que la xenofobia es el miedo al extranjero, al emigrante, al desconocido, a la competencia, la presencia del que no es de allí y que ha producido a lo largo de la historia este fenómeno que hoy se sanciona en la mayoría de los países y del cual se ha alertado en el mundo civilizado desde la Declaración Universal de los Derechos del Hombre.


Este es un fenómeno que se maneja en el subconsciente de la gente y es fácil despertarlo, especialmente cuando los países están en crisis o son sometidos a contingentes humanos en altas proporciones. En casi todas las sociedades es una epidemia latente. Aquí, en Venezuela, hemos sido un país abierto a los extranjeros y, sin embargo, hemos tenido nuestros momentos de vergüenza. Recuerdo de muchacho la actitud que despertaba la emigración colombiana, ecuatoriana o peruana.


Hubo reacciones xenofóbicas contra argentinos e incluso contra profesores chilenos que daban clases en nuestras universidades y que venían huyendo de la dictadura. Nunca fueron reacciones demasiado importantes, siempre hay imbéciles en los caminos.


El tema de la xenofobia se nos olvida en su real dimensión hasta que una situación como la masiva emigración venezolana nos recuerda que ahora les llegó el turno a nuestros compatriotas. Como hemos dicho antes, nuestra estirpe es de amplitud con el que viene de otras partes. Siempre debemos rechazar la xenofobia y mucho más la venganza. Rechazamos la delincuencia que se mezcla con la gente buena, así como el uso de la tragedia para réditos políticos. Nuestros gobernantes deben hacer un esfuerzo en apoyar los emigrantes y sobre todo flexibilizar a través de una metodología moderna la nueva realidad que generan miles de seres humanos que hoy abrazan otras tierras para que puedan reunirse y mantener contacto con sus familiares. Las rigideces consulares y las limitaciones para la movilidad de muchas personas que no son emigrantes y que tienen vínculos familiares, comerciales o de inversiones se lo limitan cuando se crean regulaciones generales que la cierran la movilidad a ciudadanos con intereses distintos a los migratorios.


El laboratorio de educación ciudadana para la inmigración y la convivencia de Colombia, con relación al éxodo venezolano y que es igual para cualquiera de nuestros países, alerta en ese sentido, “sobre la importancia de diseñar estrategias de mediano y largo plazo que aseguren la efectiva integración de inmigrantes y refugiados a la sociedad receptora con el propósito de evitar conflictos, discriminaciones, proliferación de ilícitos y explotación de mano de obra laboral.


Sin duda tenemos un arduo camino que recorrer para evitar mayores sufrimientos a los que han tenido que dejar sus países. Ojalá que la tentación de la discriminación no desborde el progreso que la humanidad ha hecho en estos temas. 

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