El Coronavirus que acabó, temporalmente, con el procés

Miguel Hernández Valverde

Funcionario de la CARM. Personal Estatutario del SMS y Funcionario de la Tesorería Territorial en excedencia.

Hace ya varios años, el tiempo pasa demasiado rápido, publiqué un artículo en el que venía a decir que la única solución al problema catalán eran las urnas, nada novedoso, pero posicionarse de esta manera fuera de Catalunya era visto como un deporte de alto riesgo, más aún propuse una fórmula que consistía en una mayoría cualificada, al menos un 60% de votos a favor y una participación superior a las dos terceras partes en cada una de las provincias.


Manifestaciones contra la sentencia del procés


Las hostias que me llovieron por todos los frentes, llegaron de norte a sur y de lado a lado.

Nada parecía que pudiera interrumpir que el llamado conflicto catalán siguiera en candelero, términos como apreteu, independència, procés se habían colado en nuestras casas por la puerta de servicio. El nivel de anticatalanismo en muchos rincones de España hacia temer lo peor, y el crecimiento de VOX vino a corroborar que en muchos lugares de la otra España la división era irreversible.


Pero se equivoca quien piense que COVID, que personalmente cada vez que lo digo me acuerdo de Barcelona 92, ¡Ay que tiempos aquellos viendo a Pujol y Juan Carlos juntos en el palco, que pareja de golfos, con razón se llevaban también!, va a acabar con el sentimiento nacionalista de la mitad de Catalunya, y más después de volver a meter en prisión a un puñado de hombres y mujeres que ya gozaban, como muchos presos, del tercer grado.


En muchas partes de España te tachan de antiespañol y antipatriota si dices que te gusta algunas veces lo que dice Rufian o compartes una declaración de la Alcaldesa Colau, y si metias entre medio a Manuela Carmena te convertías en un tipo más peligroso que aquellos titiriteros que metieron en prisión varios días.


La vuelta al conflicto catalán le queda el mismo tiempo que tarde la vacuna contra el Coronavirus en llegar, es decir para primavera. Así que preparen sus cacerolas, sartenes y sus escudos de madera, el día que vuelvan estas peligrosas armas al escenario político, será el día que digamos adiós al primo malo de Cobi.


Lo único que deberíamos exigir a los nuevos, o viejos, actores que salgan de las urnas, es transparencia, no vaya a ser que otra vez quieran hacer un gigante con los pies de barro.

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