miércoles, 25 de noviembre de 2020

Andorra bajo el coronavirus

Robert Pastor

Este martes, día 17, los bares de Andorra podrán empezar a abrir, aunque sólo por las mañanas, hasta las once. Si quieren servir comidas tendrán que cerrar una hora para ventilar y desinfectar los locales. Es la primera medida de alivio de las restricciones para prevenir la expansión del coronavirus, que afecta al principado pirenaico como en el resto de Europa, aunque con estadísticas aparentemente contradictorias.


Edificio administrativo del Gobierno andorrano.



En efecto, los 5.872 contagios desde el pasado marzo hasta el último domingo, y 1.049 personas "activas" (capaces de contagiar la enfermedad) son cantidades desproporcionadas para una población de menos de 78.000 habitantes.


Sin embargo, el ministro de salud y neumólogo Juan Martínez Benazet, además de las llamadas insistentes a la prudencia en la comparecencia informativa casi diaria no está de destacar la gran cantidad de tests que se realizan en el país. Empezaron con los serológicos (detectores de antígenos) a más del noventa por ciento de la ciudadanía, y han seguíamos con los PCRs, los TMA facilitados por la maquinaria cedida gratuitamente por la transnacikonal catalana Grifols y continuarán aún con las pruebas de saliva.


Con todo ello, el ritmo potencial de pruebas es de 40.000 por semana y al menos han pasado dos diferentes colectivos, como toda la comunidad educativa (profesores, alumnos y personal administrativo), personal médico y sanitario, bomberos, policías, funcionarios y otros professonals en contacto con el público, además de las personas mayores; en definitiva todo el catálogo de los considerados "grupos de riesgo".


El gobierno andorrano, colectivamente como los diversos miembros, a título individual, se muestran satisfechos de este volumen de tests que encuentran más grande de Europa proporcionalmente. Y de un índice "R", de contagios, por debajo de la unidad, a 0,96, que se va acercando al ideal.


Esto no quita que las medidas de prevención continúen casi extremas: confinamiento automático de personas que hayan estado en contacto con contaminados (aulas enteras en el caso de los centros docentes), teletrabajo generalizado, cierre de parques infantiles, bares y restaurantes limitados a servir productos para llevar ... y las dos fronteras cerradas a la práctica.


Francia mantiene impermeable su, en principio, hasta el primero de diciembre. El paso hacia y desde España está limitado al máximo y el confinamiento perimetral de Cataluña los fines de semana priva de visitantes en los días que, en circunstancias normales, serían de más afluencia.


Las consecuencias negativas sobre una economía que tiene como principal fuente de ingresos el turismo es extraordinaria. El Gobierno ha anunciado un endeudamiento insólito para promover ayudas a las personas y colectivos más afectados. Los bancos de alimentos funcionan a la máxima capacidad, los alquileres se reduzca con la colaboración de muchos propietarios de locales y viviendas ...


La esperanza máxima está centrada ahora en la próxima temporada alta, la de invierno, que comienza en las fechas del "puente" español de la Constitución. Con una gran incertidumbre hasta ahora. Porque las tres nevadas de octubre son poco más que un recuerdo, aunque los metoròlegs oficiales anuncian nuevas y próximas prcipitacions, y siempre quedará "la artillería andorrana", como definió el ex jefe de Gobierno Marc Forné el conjunto de cañones para la nieve artificial.


Pero señales inequívocas de la incertidumbre son, por un lado, las "cuotas" de permisos de trabajo temporal aprobadas por el Ejecutivo, menores que en ejercicios anteriores, e incluso la noticia publicada por el Diario de Andorra, que una parte de los temporeros que ya habían llegado, personas que viven permanentemente en invierno y la nieve. están devuelto en los países de origen, principalmente Argentina y Chile.


El fin de semana pasado, las calles de las principales zonas comerciales de Andorra la Vella y Escaldes, estaban postres. Porque a todo el cúmulo de circunstancias adversas se añade el miedo a la pandemia y, para que nada falte, las afectaciones psicológicas disparadas entre la ciudadanía.


Los habitantes del país viven mirando al cielo, como los agricultores, en espera de la nieve que muchos años atrás definió el patriarca de los escritores, malogrado Antoni Morell, como "adversa" y ahora es "oro blanco". Y más abajo, los medios de comunicación para conocer la evolución de todo, cada día e incluso varias veces cada jornada. Parece que por unos cuantos meses, al menos hasta que llegue la vacuna, o las vacunas.


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