domingo, 17 de octubre de 2021

LA TRAMPA CULÉ CON EL REAL MADRID

Sergio Fidalgo




El pensamiento único azulgrana ha tendido una trampa en la que han caído miles de pericos: el obsesionarse con el Real Madrid. Este club no es rival nuestro, ni ciudadano ni por objetivos deportivos, es la manía compulsiva del Barça, que ha conseguido que también lo sea de muchos compañeros de grada blanquiazul. La propaganda barcelonista, con el apoyo interesado de la prensa de Madrid, han difundido mitos como el del “Minibernabéu” los “amigos para siempre”, “el primo de Zumosol ”y el “filial blanco en Barcelona”.


Es lógico que el Barça, dentro de su campaña de intentar anular a todo lo que le pueda hacer sombra nos intente poner la etiqueta de ‘colegas’ del Madrid. Primero nos definen como “malos catalanes” y luego como “cómplices” del equipo que, según ellos, representa el centralismo y todos los males del universo. No dejemos que dividan a nuestra afición con el tema del Real Madrid. Lo que le pase a este club no es nuestro problema, son los culés los que están obsesionados con lo que pase en el Bernabéu. Y es una pena que muchos espanyolistas estén pendientes de desmarcarse del equipo merengue, ya que así pierden tiempo y energías en justificar algo que no tiene sentido.


Por otra parte la maquinaria de propaganda madridista siempre está a la busca de nuevos aliados para ‘su’ Madrid, para demostrar que es la entidad más admirada del universo, tanto en las Españas como en el resto del planeta. De acuerdo, tenemos el mismo rival, pero nada más. A fin de cuentas, tanto merengues como culés tienen más en común, que nosotros con los blancos. Estos dos equipos intentan repartirse el pastel de la Liga y dejar lo menos posible para el resto. Cuando les interesa, y pasa con mucha frecuencia, se alían para defender sus intereses comunes, que son la mayoría.


El Madrid no es nuestro amigo, ni nuestro rival deportivo, simplemente es un equipo al que nos gusta ganar porque es uno de los poderosos del fútbol mundial, y una victoria contra ellos sabe mejor que si ganamos a un modesto recién ascendido. Pero nada más. Lo mejor es no estar pendientes de ellos, de la misma manera que no nos conviene estar siempre al tanto de lo que hacen los barcelonistas. Cuando los madridistas vengan a nuestro estadio, no les hemos de tratar ni con deferencia ni con hostilidad.


No hemos de querer demostrar a los culés cuanta manía les tenemos a los merengues, ni hemos de recibirlos con halagos para que se vea cuantas ganas les tenemos a los barcelonistas. Hemos de salir a ganar por el prestigio que nos dará una victoria contra el club más laureado del mundo, y si beneficia al Barça, pues mala suerte. Lo que hemos de intentar es ganarles también a los culés para compensar.

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