Josep Prat miente

Carmen P. Flores

Josep Prat, que está siendo investigado por el caso Innova, ha empezado a “cantar”, quizás para acortar su posible condena o porque las cosas se le están poniendo más negras de lo que pensaba. En esa desesperada carrera para salvarse el trasero, Prat miente, y más de uno que conoce este entramado mundo sanitario –donde la sociovergencia ha mandado– lo sabe.


Josep Prat miente cuando dice que la exconsellera Marina Geli le ordenó que “colocara” a Carles Manté y Jorge Batesteza en Innova y que le pagara la misma cantidad en sueldos que percibían los dos cuando trabajaban en la administración de Salut. Lo único que hizo Prat fue devolverle a Manté los favores que este le había hecho cuando dirigía CatSalut. Batesteza, del mismo partido que Prat (CDC), también le había hecho los suyos.


Josep Prat fue director de CatSalut entre 1998 y 2003. Salió del mismo porque PSC, ICV y ERC formaron gobierno y “sacaron” a CIU de la Generalitat. El ingeniero naval no se quedó en la calle, sino que su amigo Abelló –jefe del bando sociata– no podía dejar al otro “jefe” del lado convergente en la calle, así que lo nombró vicepresidente del Consorcio Hospitalario de Catalunya, conocido como el 'Conxorxi', lo puso a administrar (como director general) Innova, un grupo de empresas municipales de Reus que proporcionan atención socio-sanitaria, y también como director general de Servicios del Ayuntamiento de Reus. Paréntesis: el Ayuntamiento de Reus ha privatizado gran parte de los servicios públicos que ofrece desde hace ya mucho tiempo. Abelló era el presidente del ‘Conxorxi’ y el rey del mambo sanitario catalán, pero esto requiere otro capítulo aparte.


En el año 1989 se creó el grupo SAGESA, cuando gobernaban en el ayuntamiento de Reus PSC, ERC e ICV. Por ERC estaba Ernest Benach, que formó parte de SAGESSA, y posteriormente fue presidente del Parlamento de Catalunya. Josep Prat fue su primer director general del grupo por decisión de Pep Abelló.


El mundo de la sanidad, aunque no se lo crean, es muy pequeño y todos se conocen y no se hacen “mal” entre ellos, gobierne quien gobierne.


Por eso, Prat, Manté, Abell, y compañía se conocían se sobra. Batesteza, en un tercer nivel también, había sido útil, aunque hay más piezas en este puzle.


Unos cuantos saben, lo que le ayudó con la consellera Manté a Prat para que esta accediera a la construcción del faraónico hospital Sant Joan de Reus.


Las puertas giratorias de la sociovergencia siempre han estado engrasadas y a punto.


Cuando Geli fue nombrada consellera de Salut, la parte del sector que no había estado implicada en nada del negocio sanitario –los empresarios “castigados” por CIU– esperaban que se abrieran las ventanas, que entraran nuevos aires y que determinadas personas se fueran a trabajar “al tajo”. Cosa que no sucedió, y la esperanza blanca del PSC, Marina Geli, “incomprensiblemente” no cumplió con ello. ¿Por qué? ¡Ah! Hagan apuestas, señores.


En la sede del PSC, el cabreo fue tremendo y cuando Montilla presidió el segundo tripartito, Geli estaba condenada a irse a su casa. Pero el nuevo presidente no fue capaz de cargársela por aquello de compensar el reparto de cargos entre las dos “almas” del PSC. Algunos no se lo perdonaron nunca al presidente, y más cuando vieron el destino final de la gironina.


Llegados a este punto, me mantengo en la afirmación de que Prat miente respecto a la consellera Marina Geli. Las relaciones entre todos los implicados en el caso Innova eran muy intensas entre ellos antes de llegar Geli a Salut y se protegían uno a los otros. Es más, Pep Abelló decía que no había sido “conseller” porque no llevaba falda.



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