domingo, 17 de octubre de 2021

Pacto de silencio entorno al episodio del mal olor en Barcelona, sin responsabilidades técnicas ni políticas

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CatalunyaPress.- La tarde del 18 de noviembre de 2015 sorprendió a todos cuando un olor pestilente inundó las calles de Barcelona. Algunos buscaban explicación en los contenedores, otros echaban la culpa a las cloacas e incluso alguno comprobó si había pisado un excremento de perro. Las redes sociales empezaron a hacerse eco de una peste que no sabían de dónde podía proceder.


Las autoridades tampoco. Ante las numerosas llamadas al 112, empezaron a buscar el posible origen de aquel olor que lo invadía todo. Y fueron dando bandazos. El primer cabeza de turco fue un payés del delta del Llobregat y el abono que había echado a sus campos. Y aunque rápidamente se dio por sentado que esa era la hipótesis correcta, ésta no se sostenía. Se buscaron otras explicaciones pero ninguna convencía y la Generalitat acabó por abandonar la investigación con la intención de que aquel episodio quedase en el olvido.


Ante esto, la Fiscalía decidió actuar de oficio y solicitó un estudio de la Universidad Politécnica de Catalunya (UPC). Y gracias a la tecnología lo encontraron. Aquella pestilencia se produjo a consecuencia de unas operaciones de limpieza de colectores y tuberías en la depuradora de El Prat.


La investigación se valió de las casi 200 llamadas que aquella tarde se hicieron al teléfono de emergencias 112. Siguiendo su rastro pudieron calcular la trayectoria del mal olor a la inversa, hasta dar con su origen.


Las llamadas se concentraron entre las 14 y las 17 horas. Las primeras desde El Prat y las últimas desde Badalona. El mal olor acabó por dirigirse hacia el mar y la peste terminó. La hipótesis de que el foco fuese la depuradora de El Prat se tuvo en cuenta, pero el Área Metropolitana de Barcelona (AMB) la descartó al comprobar que no se había producido “ninguna anomalía” en el funcionamiento de las instalaciones.


LA FISCALÍA ACTUÓ DE OFICIO


Ante la falta de una respuesta clara por parte de la Generalitat, el fiscal de medio ambiente de Barcelona, Antoni Pelegrí decidió actuar de oficio y abrir una investigación no solo para dar con el foco del hedor, sino también para saber si ese mal olor podría haber puesto en peligro la salud de la ciudadanía. Un supuesto se ha descartado, aunque reconocen que no pueden estar totalmente seguros, puesto que no existen los instrumentos necesarios para analizar la calidad del aire en el área metropolitana.


A pesar de esto, el Departamento de Territorio y Sostenibilidad se apresuró en descartar cualquier riesgo para la salud. La Generalitat investigó 140 gestores de residuos y 300 actividades industriales como posibles orígenes de la pestilencia y no encontró explicación. Achacó el episodio a unas condiciones meteorológicas concretas, pero ese día no tenía nada de especial.


Así lo ha expresado Xavier Roca, director del Laboratorio del Centro de Medio Ambiente de la escuela de Ingeniería Industrial. Si las operaciones de limpieza se hubiesen hecho otro día, no habría pasado nada.


La instalación de una red de estaciones de análisis haría más sencillo rastrear y localizar el origen de los olores. Un equipamiento que la UPC ha desarrollado pero las administraciones no han mostrado interés en ellas.


PACTO DE SILENCIO


Los datos recopilados por la investigación de la UPC están en manos de la Fiscalía y, por lo tanto, todavía no pueden hacerse públicos hasta que se pronuncie.


Por parte de las administraciones nadie quiere decir nada. CatalunyaPress se ha puesto en contacto con diferentes administraciones. El único que se ha mostrado interesado en pedir “información precisa” ha sido el ayuntamiento de El Prat, aunque no pedirá responsabilidades técnicas y políticas hasta que no reciba el informe de la Fiscalía.


Desde la AMB nadie dice nada. El Área de Medio Ambiente, cuyo director es Joan Pinyol Ribas, no se pronuncia. Pinyol --designado por Janet Sanz, Teniente de Alcalde de Barcelona en Comú-- participó como número dos del ACA en la privatización y adjudicación de Aigües Ter Llobregat (ATLL) a un consorcio liderado por Acciona, fue gerente del Incàsol hasta que tomó posesión del nuevo cargo en la AMB.


Por su parte, los ayuntamientos del L’Hospitalet y de Cornellà han dicho que no harán nada al respecto. De hecho, quedaron sorprendidos por el interés mostrado por este medio sobre el tema. 


Mientras, llama la atención cómo se ha llevado este episodio de malos olores, que evidencia la falta de control en la calidad del aire del área metropolitana, la falta de medios, la descoordinación entre administraciones, la connivencia a la hora de acallar errores y la falta de responsabilidad para asumir responsabilidades. De no ser así, ¿por qué la Fiscalía ha tenido que actuar de oficio?

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