José Juan Ruiz: "La geoeconomía se ha convertido en una disputa por el poder inestable e imprevisible"

El presidente del Real Instituto Elcano, José Juan Ruiz, advirtió de que el mundo atraviesa un cambio profundo en su forma de entender la economía y el poder, durante un desayuno organizado por la Fundación CEDE. La sesión, presentada por Luis López-Cózar y moderada por Krista Walochik, puso el foco en cómo la geoeconomía ha pasado de ser un espacio de cooperación a un terreno de influencia en un contexto de creciente incertidumbre global.

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José Juan Ruiz, presidente del Real Instituto Elcano.Foto: CatalunyaPress

 

La Fundación CEDE ha celebrado este jueves un nuevo desayuno de trabajo bajo el título “Geoeconomía en tiempos de incertidumbre”, protagonizado por José Juan Ruiz, presidente del Real Instituto Elcano. La sesión, moderada por Krista Walochik (presidenta de IWF España) y presentada por Luis López-Cózar, analizó cómo los recientes conflictos internacionales y la reconfiguración del orden global están transformando profundamente la economía internacional. 

En un ambiente cercano pero riguroso, el ponente combinó análisis estructural con ejemplos, ironías y reflexiones que ayudaron a traducir un contexto complejo en ideas comprensibles para todo el mundo.

En el nuevo tablero geoeconómico las empresas operan en un entorno inestable e imprevisible

 

La primera cuestión planteada abordó el cambio de paradigma en el sistema internacional, y Ruiz lo hizo con una idea clara: “más allá de los titulares”, lo que está cambiando es la forma en la que el mundo entiende la convivencia económica y política. Explicó que durante décadas la economía global funcionó como un espacio relativamente neutral, donde la interdependencia era una fuente de estabilidad. Sin embargo, ese equilibrio ha saltado por los aires.

En este sentido, el ponente subrayó que la geoeconomía ya no puede entenderse como un terreno técnico o aislado, sino como un espacio de poder. Utilizó ejemplos muy concretos —como las tensiones energéticas derivadas de la guerra en Ucrania o las alteraciones en rutas comerciales estratégicas— para ilustrar cómo las decisiones económicas están cada vez más condicionadas por intereses políticos y de seguridad.

Además, insistió en que este nuevo tablero no solo afecta a los Estados, sino también a las empresas, que deben operar en un entorno donde las reglas ya no son estables ni previsibles. En tono casi didáctico, señaló que “entender hoy la economía sin entender la geopolítica es directamente no entender nada”, reforzando la idea de que ambos ámbitos están completamente entrelazados.

La economía debe construir marcos analíticos sólidos para interpretar el mundo actual

 

Uno de los momentos más distendidos del desayuno llegó cuando Ruiz defendió el papel del economista. Frente al tópico de que son profesionales “aburridos” o poco imaginativos, lanzó una reflexión con cierto tono irónico: “Dicen que los economistas no tenemos imaginación… pero lo que hacemos es contar historias”.

Eso sí, matizó rápidamente la broma: a diferencia de otros relatos, las historias de los economistas no nacen de la creatividad libre, sino de los datos y los modelos. “Las tramas no vienen de la imaginación, vienen de los datos”, explicó, provocando sonrisas entre los asistentes.

A partir de ahí, defendió la necesidad de construir marcos analíticos sólidos para interpretar el mundo actual. Según señaló, sin un modelo claro es fácil caer en interpretaciones superficiales dominadas por los grandes titulares sobre China, Estados Unidos o Europa. En este punto, dejó entrever también cierta crítica a la simplificación mediática, reivindicando un análisis más pausado y estructural que permita identificar sesgos y entender realmente qué está ocurriendo.

Estamos ante el fin de la era del optimismo y la cooperación

 

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 Krista Walochik, Presidenta de IWF España moderando el Desayuno CEDE protagonizado por José Juan Ruiz, presidente del Real Instituto Elcano. Foto: CatalunyaPress 

Ruiz desarrolló a continuación una de sus tesis centrales: el mundo ha dejado atrás una etapa histórica caracterizada por el optimismo. Durante décadas —especialmente desde el final de la Segunda Guerra Mundial— predominó la idea de que la cooperación internacional generaba beneficios para todos.

Describió ese periodo como un “juego de suma positiva”, en el que la especialización, la apertura económica y la coordinación entre países permitieron un crecimiento sin precedentes. Para ilustrarlo, invitó a los asistentes a comparar el mundo de 1945 con el de principios del siglo XXI: más comercio, más relaciones financieras, más libertades y mayores niveles de bienestar.

Aunque reconoció que la distribución de esos beneficios no fue perfecta, insistió en que el balance global fue claramente positivo. Esta mirada histórica sirvió como contraste para entender la magnitud del cambio actual, reforzando la idea de que no se trata de una crisis coyuntural, sino de una transformación estructural.

El 11-S y el regreso del “juego de suma cero”

El momento clave de la intervención llegó cuando situó el punto de inflexión de este cambio en los atentados del 11 de septiembre de 2001. Ruiz lo presentó casi como una hipótesis personal —“esto necesito testarlo”, comentó con cierta ironía—, pero con un argumento sólido detrás: a partir de ese momento ( 11-S), el mundo empezó a priorizar el poder frente a la cooperación.

Explicó que el poder, por definición, funciona como un “juego de suma cero”. Y aquí recurrió a una explicación muy gráfica: “Para que alguien tenga más poder, alguien tiene que perderlo”. Esta idea, aparentemente básica, sirvió para explicar gran parte de las tensiones actuales entre potencias.

Según su análisis, este cambio de lógica es el que está detrás del aumento de la confrontación, la desconfianza y la fragmentación del sistema internacional. La geoeconomía, en este contexto, se convierte en una herramienta más de esa disputa por el poder, ya sea a través de sanciones, control de recursos o dominio tecnológico.

Estamos en un mundo más incierto y menos previsible 

 

Como conclusión implícita de su intervención, Ruiz dibujó un escenario internacional mucho más complejo, donde la incertidumbre se convierte en la norma. Frente a la estabilidad relativa de décadas anteriores, el nuevo contexto obliga a convivir con tensiones constantes y cambios rápidos en las reglas del juego.

Para Ruiz el mundo ya no funciona como antes, y entender ese cambio es clave para tomar decisiones en el presente.

 

Revive el desayuno

 

 

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