¿Qué podemos esperar de la economía en 2023?

Pep Garcia
Economista, empresario, fundador y Director General de Maxchief Europe. Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universitat de Barcelona. MBA por el IESE.

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Foto: Europa Press

 

El pasado mes de noviembre, la Unión Europea rebajaba las expectativas de crecimiento de la economía española al 1% en 2023. Esto suponía un recorte a la mitad a las expectativas de crecimiento del 2,1% que la ministra de economía, Nadia Calviño, había defendido ante la propia UE en octubre de 2022. En 2022 el PIB español ha crecido alrededor del 4,5%. De cara a 2023, la propia UE apuntaba la posibilidad de una recesión en el mercado comunitario. En estas previsiones, Alemania es el país que sale peor parado en cuanto a expectativas que se sitúan en -0,6% del PIB. 

 

Uno de los principales causantes de la desaceleración esperada de la economía española es la pérdida de poder adquisitivo que han sufrido los hogares en 2022 a causa de la inflación, la mayor desde 1985. Esta pérdida de poder adquisitivo acabará teniendo claros efectos negativos en el consumo de las familias. Asimismo, la decidida subida de los tipos de interés, impulsada por el BCE para combatir la inflación, está encareciendo de forma importante las hipotecas formalizadas a tipo de interés variable. Después de pagar la incrementada cuota de la hipoteca, las familias disponen de menor renta para el consumo, cosa que también tendrá un efecto desacelerador de la economía. Otro de los peligros que apunta la UE sobre la economía española es la posible ralentización del turismo a partir de la segunda mitad del año 2023.

 

La inflación se ha convertido en el enemigo número uno de las economías europeas. Una inflación que se ha situado a final del año 2022 en España en el 5,7%, unos 5 puntos por debajo de la cifra más alta del año. Esta moderación en los meses finales del año se ha debido, principalmente, a la disminución de los precios de la electricidad y los carburantes. No obstante, la inflación subyacente (la que no tiene en cuenta la energía ni los alimentos frescos) se ha situado en el 7%, cosa que nos hace pensar que todavía tenemos inflación para rato. Como consecuencia, es de esperar que los tipos de interés sigan subiendo, aunque de forma más contenida. Bruselas prevé que la inflación se sitúe en el 4,5% a finales de 2023 en España.

 

Si no se da una pronta resolución del conflicto bélico en Ucrania, cosa que parece poco probable, seguirá habiendo tensiones en el mercado energético y los precios de la energía seguirán muy elevados, factor que seguirá perjudicando a las familias y poniendo en riesgo de insolvencia a muchas empresas. Además, el incremento desorbitado del precio de los alimentos y bebidas, que ha alcanzado la cifra anual del 15,7% en España, también está afectando negativamente al poder adquisitivo de las familias.

 

Por lo que se refiere al paro, en 2022 se ha incrementado el número de ocupados en 471.360 personas en España y se espera que la tasa de paro se acabe situando en el 12,7%. La Unión Europea prevé que a finales de 2023 la cifra de paro en España se mantenga en niveles similares a los de 2022. En este punto cabe comentar que la cifra de parados puede estar adulterada por la eclosión de los contratos fijos discontinuos. En estos contratos, cuyo número ha pasado de 1,96 millones en 2021 a 2,17 millones en 2022, los trabajadores no computan como parados en los períodos que no trabajan, por lo que la cifra de paro real podría ser superior a la que muestran los datos oficiales. En este sentido, un aspecto preocupante es que en el último trimestre de 2022 se ha venido observando una sensible desaceleración del mercado de trabajo.

 

Otro de los problemas que afronta la economía española tiene que ver con el déficit público y el elevado volumen de la deuda pública. Europa prevé que el déficit se mantenga en España por encima del 3% en 2023, pudiendo llegar la deuda pública a cifras récord cercanas al 120% del PIB. Este aspecto adquiere mayor gravedad si se tiene en cuenta que la recaudación se ha incrementado en 2022 más de un 20% por causa de la inflación. La economía española tiene un problema endémico por lo que se refiere al volumen de deuda pública. En el actual contexto, en el que se necesitarán fuertes gastos sociales para aminorar las consecuencias negativas de la desigualdad causada por la inflación, este aspecto puede empeorar. Los sucesivos gobiernos de España no han sabido rebajar históricamente el déficit y el volumen de deuda cuando tocaba, es decir, en momentos de bonanza y crecimiento económico.

 

El incremento de la desigualdad, factor al que hemos hecho referencia en el apartado anterior, es otro de los problemas graves que debe afrontar la economía española. Según datos publicados por el INE en junio de 2022, el 27,8% de los españoles estaban en riesgo de pobreza o exclusión social. Estas cifras empeoran cuando hablamos de colectivos específicos como las personas mayores, las mujeres o los jóvenes.

Hasta aquí hemos dibujado un escenario económico complicado para las familias y para las empresas en el nuevo año que acaba de empezar. Veamos ahora los riesgos principales que deberán afrontar las empresas en 2023. 

 

Un estudio elaborado por Acció, la agencia catalana para la competitividad de la empresa del Departament d’Empresa i Treball, resalta 7 riesgos que tienen que ver con disrupciones globales que pueden impactar de forma directa en la competitividad de las empresas catalanas, en un contexto muy condicionado por los efectos de la guerra de Ucrania y la emergencia climática.

 

El primer riesgo que identifica el informe tiene que ver con las tensiones geopolíticas y el nuevo orden internacional más polarizado que han provocado las complejas relaciones entre Estados Unidos y China. Las tensiones comerciales y tecnológicas parece que irán en aumento. Teniendo en cuenta que el centro de gravedad geopolítico mundial se ha desplazado al Indo-Pacífico, donde Taiwán y China se han convertido en los primeros productores mundiales de semiconductores.

 

Las rupturas de la cadena de valor global que se dieron durante la pandemia y que se acentuaron con la guerra de Ucrania es otro de los riesgos que debemos tener en cuenta. Esto puede provocar problemas de suministros a las empresas, sobre todo de materias primas y componentes cuya fabricación esté muy concentrada en pocos países. Las empresas harán bien en empezar a explorar vías de diversificación y a diseñar políticas para acortar las cadenas de valor. 

 

La emergencia climática es otro de los aspectos críticos que cita el informe de Acció. A modo de ejemplo, en Cataluña el efecto negativo causado por la falta de agua está afectando negativamente a la producción de energías renovables, así como a la disminución de la producción de algunos cultivos.

 

La industria también deberá seguir haciendo frente al choque energético provocado por el aumento de la demanda global y las restricciones impuestas a Rusia. Como es bien sabido, los precios de la energía han llegado a máximos históricos durante 2022, especialmente el gas. El incremento de los costes energéticos ha tenido un fuerte impacto negativo en la industria y lo seguirá teniendo en los próximos meses. En este contexto, el cambio a soluciones alternativas energéticas limpias no será inminente por lo que seguirá existiendo gran volatilidad en el mercado.

 

Otro de los problemas principales que ha causado la guerra de Ucrania es el incremento de precios de los alimentos que, agravado por problemas climáticos, puede suponer graves problemas en algunas zonas del mundo.

 

Un punto crítico que cita el mencionado estudio es el del cambio de la batalla geopolítica al campo de la geotecnología. El juego se sitúa ahora en el campo de los semiconductores más avanzados, esenciales para las tecnologías basadas en la IA, el 5G o la computación cuántica. El déficit tecnológico de la UE puede representar una grave amenaza de futuro. La falta de semiconductores avanzados impacta también en la industria armamentística y puede jugar un papel relevante en la guerra de Ucrania.

 

Por último, el estudio advierte, a nivel macroeconómico, del peligro de la estanflación y de la crisis de la deuda mundial. Una combinación de inflación sostenida y estancamiento económico puede ser letal para la economía. Una situación de dólar fuerte, combinada con las políticas restrictivas de los bancos centrales para controlar la inflación puede comportar un encarecimiento de la deuda (el endeudamiento se sitúa en el 350% del PIB global), cosa que puede provocar un aumento del riesgo crediticio y una desestabilización del sistema financiero.

 

Aunque la guerra de Ucrania ha causado estragos en una economía que ya venía debilitada por la pandemia, en 2022 se ha demostrado la extraordinaria resiliencia de la economía española y de su sector empresarial, cosa que nos da algunos argumentos para ser optimistas.

 

Todos los datos que hemos expuesto hasta el momento, no dibujan un panorama demasiado positivo para la economía en 2023, pero no querría acabar el artículo con una visión pesimista. Muchos agoreros vaticinaban el hundimiento de la economía a la vuelta de vacaciones de verano, cosa que no sucedió. Después, esos mismos alarmistas nos metieron el miedo en el cuerpo anunciando reiteradamente que la economía naufragaría a inicios de 2023.

 

Es imprescindible ser conscientes de la complejidad de la situación, por lo que es absolutamente necesario contar un buen diagnóstico de ésta. Muchos fenómenos están impactando a la vez en la economía, y la mayoría de ellos desde un punto de vista negativo, causando grandes distorsiones. En este contexto complejo, deberemos concentrar grandes esfuerzos en solucionar los problemas del corto plazo porque la realidad así lo exigirá, pero con la mirada puesta en el medio plazo. Lo que estamos viviendo, más que una crisis, es un cambio de paradigma geopolítico, económico y tecnológico. Por ello, deberemos ser muy creativos, buscar la disrupción y encontrar soluciones nuevas a retos nuevos. No nos servirán las viejas recetas para superar los retos de la nueva era.

 

El año pasado sufrimos un incremento estratosférico de los fletes de transporte marítimo, un incremento notable de los precios de las materias primas y de los costes de la energía. Asimismo, un fortalecimiento rápido e inesperado del dólar. Sobre el papel, para muchas empresas globales, como la que yo dirijo, la suma de todos estos factores podría habernos llevado a una debacle. Pero tomando las decisiones valientes y correctas, enfrentando y resolviendo los problemas uno a uno y teniendo siempre en cuenta los factores estratégicos, muchas empresas pudimos superar el 2022 con buena nota.

 

Como empresario hace tiempo que aprendí a no preocuparme obsesivamente por el futuro, al menos, a no preocuparme hasta el punto de que el miedo a la incertidumbre me inmovilizara. Más bien debemos concentrar nuestra energía en resolver los retos a medida que se vayan planteando. El futuro dependerá de las decisiones que tomemos hoy, por eso no hay que dejar de pensar nunca en términos estratégicos. Debemos estar continuamente atentos al entorno, anticipándonos con proactividad a los cambios que se suceden cada vez a mayor velocidad.  Si sabemos interpretar bien este cambio de paradigma, también sabremos ver grandes oportunidades en el horizonte.

 

El entorno es complicado. Los empresarios, los autónomos y los trabajadores seguiremos trabajando duramente para sacar adelante nuestras economías, como lo hemos venido demostrando en los tres largos y duros años desde el inicio de la pandemia en 2020.  Solo queda pedir a las administraciones y a los políticos que sean conscientes de la enorme dificultad de la situación, que trabajen para disminuir las desigualdades, que tomen decisiones a favor de la competitividad de nuestra economía y que legislen con sensibilidad fomentando las pymes y un entorno business friendly. 

 

Espero que el 2023 sea un año positivo, de aprendizaje y de crecimiento para todos nosotros. ¡Feliz 2023!

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