La petrolera rusa ha indicado claramente que la decisión de vender está directamente relacionada con la introducción de medidas restrictivas por parte de distintos gobiernos.
Las nuevas medidas estadounidenses implican la congelación de todos los activos de Rosneft y Lukoil con sede en EE. UU. y prohíben a empresas y ciudadanos estadounidenses hacer negocios con ellas.
La noticia de la postergación o cancelación del encuentro generó una reacción inmediata y negativa en el mercado bursátil.