jueves, 24 de septiembre de 2020

​Una pareja divina y un diseñador "social"

Paloma Azpilicueta
Psicóloga clínica y psicoterapeuta

Juli Capella, diseñador, escribió el 29 de julio de 2019 en El Periódico una columna titulada «Una pareja divina»: le copio en parte el título porque me hizo mucha gracia, esperando que no le moleste.


Se refiere a Peio Sánchez, rector de la parroquia de Santa Anna, en el Raval, y a Viqui Molins, monja teresiana, que vive en el Raval desde hace veinticinco años, ocupándose de personas en situación de exclusión social. Como dato curioso, comentaré que ella escribió hace unos años un libro titulado Alexia. Experiencia de amor y dolor vivida por una adolescente, que sirvió de inspiración para que Javier Fesser rodara su conocida película Camino.


Ellos dos, junto con la Fundació Arrels y una pequeña comunidad católica de monjas, y contando también con la colaboración de unos trescientos voluntarios, han puesto en marcha un «Hospital de campaña» en la parroquia. Atienden a unas doscientas cincuenta personas al día (de las cuales unas cien son jóvenes), a las que acogen, alimentan y dan cobijo. Muchas personas suelen dormir allí, a menudo de día. Entre ellos, homeless (sintecho) jóvenes y viejos, «locales» e inmigrantes, menas y ex-menas, etcétera.


Peio Sánchez se puso en contacto con Curro Claret, un diseñador con una fuerte dimensión social. Hace años que colabora con la Fundació Arrels y con sus talleres de carpintería, donde fabrican unos taburetes muy originales hechos con material reutilizado y todo tipo de objetos: mesas, percheros, etcétera. El mueble se apoya en una pieza metálica (también diseñada por él), que sirve como articulador y «sostén» del resto de elementos del mueble. También diseñó y fabricó, junto con usuarios de Arrels, la decoración de varias tiendas de zapatos Camper (una especie de esquema de gran zapato, fabricado en madera), junto con toda una serie de elementos para exhibir los zapatos, que muchos de vosotros seguramente conoceréis.


Curro, que aparte de ser un buen diseñador tiene mucho sentido del humor, diseñó por iniciativa propia, en 2010, una pieza de madera que permite convertir los bancos de una iglesia en camas. Lo llamó «Por el amor de dios». Es ésta una expresión que utilizamos (o, al menos, utilizábamos quienes ya peinamos canas) para comentar o calificar una situación o un hecho que nos parece incomprensible que exista, por lo injusto. El título, pues, sería en sí mismo un grito de protesta por muchas de las características excluyentes de nuestra organización social. Es un tema que nos concierne a todos, pero en el que no todo el mundo tiene el mismo nivel de responsabilidad. Empresarios: «Are you listening?». Administración Pública: «Are you listening?». Políticos: «Are you listening?».


En cuanto a Curro, él se implica y aporta lo que puede. Su creatividad «visionaria» (hace bastantes años que la practica, y sus creaciones se adelantan a las necesidades) se plasma en objetos útiles para aquellos que no pueden permitirse muchas exquisiteces, cuya lucha diaria es por sobrevivir. Este banco-cama «reversible» se utiliza en iglesias de Viena y de Vic, por ejemplo, además de en la mencionada parroquia de Santa Anna.


Este objeto, que pertenece a la colección permanente del Museu del Disseny, y su colaboración con Arrels, fue uno de los motivos por los que se le concedió el Premio Ciudad de Barcelona 2013.

El adjetivo «social» para calificar su manera de trabajar y/o sus prioridades no le acaba de convencer. Dice de sí mismo que «le gusta estar donde hay jaleo, donde hay problemas, donde hay personas que, por lo que sea, se han quedado al margen». Seguramente de ahí viene su colaboración con Arrels, la ONG que trabaja con personas ―la mayoría de ellas sintecho― que quieren rehacer sus vidas.


Es un banco-cama de quita y pon: esto es, permite un uso litúrgico y también práctico y social, para dormir. La tabla se guarda fácilmente, colocándola de manera vertical en el respaldo del banco, y el feligrés «habitual» no percibe su presencia. En esta ocasión, han perfeccionado el invento, añadiendo una colchoneta a prueba de ácaros. Los bancos de Santa Anna se han fabricado con la aportación desinteresada de un ebanista del Raval, Klaus Speis, y la colaboración de varias personas ex-sintecho, entre ellos Aurelio y Meinhart. El coste de los materiales ha corrido a cargo de una compañía estadounidense de cruceros (¡el lujo y la precariedad se dan la mano!) que decidió colaborar al conocer el trabajo que la parroquia realizaba con los sintecho. El diseño se asocia generalmente con algo sofisticado y, algunas veces, caro (aunque no siempre). Aquí viene a solucionar un problema cotidiano y real de personas reales.


La sinergia que se ha producido entre la parroquia, la Fundació Arrels, el diseñador Claret, el ebanista del Raval y los ex-sintecho, junto con los trescientos voluntarios que hacen posible esta labor, ha dado unos resultados más que positivos. Eso sí que es una red, y muy bien tejida, por cierto.


Esperemos que a más de uno (la Administración también) anime a trabajar de manera ágil, innovadora, creativa y útil: la unión hace la fuerza. Como sociedad, podemos dar mucho más de sí…


«La casa de la esperanza»


Querría mencionar otro caso de trabajo con proyección social, éste totalmente laico y que no recibe subvención alguna: un edificio «okupado» en la calle Sardenya de Barcelona, que en su momento albergó la Casa de Cádiz, edificio que llevaba una década abandonado.


Hace un año, un grupo de personas lo «okuparon» y, en el año que lleva funcionando, han alojado a unas cien personas, treinta y cuatro de las cuales han logrado ya un trabajo. El tener un cobijo seguro les ha ayudado a no desesperarse y a mantenerse en buenas condiciones para encontrar uno, un trabajo quiero decir.


Estos okupas no sólo no hacen ruido ni molestan al vecindario, sino que mantienen el edificio en perfectas condiciones y se han hecho un lugar en el corazón de los vecinos, que les ayudan con alimentos y productos de limpieza. Saben que el trabajo que realizan vale la pena. Sin ir más lejos, en la puerta de al lado vivía un octogenario que no podía calentar su casa pues no disponía de dinero. Los okupas le instalaron una estufa y pagaron la electricidad que gastaba, además de acompañarle todos los días un rato. También le acompañaron cuando fue ingresado en el hospital hasta el día de su muerte.


He tenido noticia de este caso a través de un artículo aparecido en El Periódico del 19 de noviembre de este año y escrito por Juan Soto Ivars, del cual me he permitido copiar los datos más importantes. Él titulaba su artículo «La casa de la esperanza», y no podía haber encontrado uno mejor…


Empleo precario y trabajo decente


Labores como ésta son de gran valor en sí mismas, pero sería muy importante que desde la política se pudieran buscar soluciones más «sistémicas» a aquellas condiciones ―desigualdades sociales flagrantes, precariedad laboral y de todo tipo, trabajadores pobres, injusticias…― que están en el origen de estas situaciones tan penosas para quienes las viven.


Hablando de empleo precario, a todos nos vienen a la mente algunos nombres: Kellys, Glovo, Deliveroo, cuidadores profesionales, falsas cooperativas... Se decía que las nuevas tecnologías iban a salvarnos la vida a todos, haciéndola más fácil y amable, pero no ha sido así. En el caso de las plataformas mencionadas, han servido sobre todo para externalizar los costes, convirtiéndolos en falsos autónomos. Y otro tanto puede decirse de las falsas cooperativas, sobre todo en el sector cárnico. Desde aquí, mi reconocimiento a las inspecciones de trabajo, que están sacando estas irregularidades a la luz.


Hace poco fue el Día Mundial por el Trabajo Decente. Uno de los sindicatos, la UGT, presentó su campaña bajo este título: «Visibilitzem el precariat». En su informe afirma que, en España, el 61% del trabajo a tiempo parcial es involuntario, es decir, las personas no escogen trabajar menos horas, sino que eso es lo único que les ofrecen.


En el caso de los trabajadores pobres ―es decir, de las personas que, aun trabajando, no llegan a subvenir a sus necesidades básicas―, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) nos alerta de que es un fenómeno en aumento que, en este momento, afecta a uno de cada diez trabajadores; en el caso de España, esta cifra se eleva al 13%. España ocupa el tercer lugar en la lista de la Unión Europea, justo después de Rumanía y Grecia… El Informe Foessa habla de 1,5 millones de personas que, en todo el Estado, están en situación de exclusión social.


La globalización ha permitido que los empresarios lleven sus fábricas allí donde los salarios son más bajos y allí donde (casi) no hay que pagar costes asociados a la protección social. Todo ello tiene como consecuencia que los salarios bajen y la protección social también. Por otro lado, los robots, muy presentes ya en nuestra vida, se preparan (es un decir) para invadirla cada día un poco más y para hacer bajar más los salarios. ¿Qué porcentaje de la población podrá vivir dignamente?  Como diría Curro Claret: «Por el amor de dios, ¿cómo puede estar pasando una cosa así?».


Es necesario buscar otras soluciones: otro mundo es posible. No nos demos tan fácilmente por vencidos.

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