​Los refugiados, un problema global

Óscar Hernández Bernalette
Diplomático

Más de 71 millones de personas viven como refugiados debido a guerras, violencia, persecución y crisis económicas y sociales.


El presidente de Turquía, Recep Erdogan, solicitó medidas globales para la crisis mundial de los refugiados. Y es que su país es uno de los mayores receptores de refugiados en el planeta, la mayoría como resultado de la crisis en Siria: se calculan en casi 4 millones desde que se inició la guerra.


Sin duda, hay naciones que absorben las crisis locales con efectos secundarios sin poder hacer mucho para cambiar las razones objetivas que originan estas movilidades humanas. Países como Turquía o como Colombia, por ejemplo, han tenido que asumir las consecuencias de las crisis de otras naciones vecinas en donde se originan estos desplazamientos.


El problema de los refugiados debe ser abordado con una visión multidimensional y en la que los actores que participen deben ser múltiples, tanto países como organismos internacionales, sociedad civil y sector privado. A estas alturas estamos lejos de una solución global.


Hay naciones que han tenido que asumir la realidad migratoria y de refugiados más que otras. Son los países fronterizos o más cercanos a las situaciones de crisis los que mayormente reciben la carga humana.


El propio Erdogan hizo un llamado en su condición de copresidente de la Cumbre de Refugiados que se celebró en el marco de Naciones Unidas en Ginebra esta semana, en el sentido de que había que «hallar soluciones que garanticen que los refugiados se queden en sus países y se busquen fórmulas para que ellos regresen». Propuesta, sin duda, difícil de administrar en un contexto en el que las razones objetivas que obligan a las personas a salir de sus lugares de origen depende de los cambios estructurales que se originen en los países en donde se producen las crisis.


Un llamado de las zonas protección para que la gente se mantenga en sus países mientras los conflictos se generan es muy difícil de aplicar. Así como el exceso de medidas coercitivas para impedir la movilidad humana también ha demostrado ser ineficiente, sean estas cercar a los países dificultando la entrada a través de mecanismos limitativos como visas o cuotas. El tema es de una complejidad extrema. Mientras se esperan soluciones, no son pocos los sufrimientos y pérdidas de vidas en el camino que se trazan quienes buscan aliviar su sufrimiento o salvar a sus familias de situaciones extremas, sean conflictos militares, razones económicas o la misma crisis ambiental.


Por su parte, el secretario general de la ONU también hace un llamado a la comunidad  internacional a tomar medidas globales ante el aumento de desplazados en el mundo. Llamó a que se compartieran las cargas de una manera equitativa y bajo el principio de la responsabilidad compartida. La mayoría de los refugiados del mundo viven en países en desarrollo. Insistió António Guterres en señalar que el mundo le debe gratitud a aquellos países que tienen sobre sus hombros la mayor carga de esa tragedia humana.


La tragedia del desplazamiento humano forzado debe ser abordada por un conjunto de actores y con propuestas novedosas. Sin duda, una de ellas es que países con grandes extensiones asuman una mayor cuota de responsabilidad en la recepción de refugiados. Hay países en el mundo que cuentan con suficientes potencialidades para absorber nuevos contingentes humanos en estado de desesperación por su sobrevivencia.

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