​Un futbolista culto e inteligente

Miquel Escudero

Unas semanas antes del histórico confinamiento que estamos padeciendo, tuve la fortuna de almorzar con José Antonio Martín y otros amigos. Es conocido como Petón, nombre con el que una tía suya catalana sustituyó el Pepetón como era llamado al principio. José Antonio es una persona que irradia proximidad, es cálido y generoso, y creo que es honrado a carta cabal. No en vano, sueña con el poema ‘If…’, de Kipling: “Si eres bueno y no finges ser mejor de lo que eres; si, al hablar, no exageras lo que sabes y quieres”.


jornada 11 fútbol



Amigo de sus amigos, fue jugador de fútbol y sigue siendo futbolista (como dice, es algo que imprime carácter; un modo de actuar y sentir). Fundó una empresa para velar por los intereses de numerosos jugadores de fútbol, y en la que sigue colaborando. Todo en él es entusiasmo, también en su adhesión por el Atleti de Madrid. Es habitual en tertulias de fútbol. Recuerdo como inolvidables sus retransmisiones de partidos de la Premier (la liga inglesa).


Periodista y escritor, Petón ha publicado libros como ‘Blanco ni el orujo’, que emocionó a Joaquín Luna. Hoy quiero hablar aquí de ‘La desesperación del té’ (Pre-Textos), que recoge sus conversaciones con Pepín Bello cuando éste era casi centenario. Era un hombre que no escribía poesía, pero que la hacía con su vida. Gran amigo de Lorca, también lo fue de Buñuel y Dalí, en la Residencia de Estudiantes.


Federico dio el nombre de ‘la desesperación del té’ a la tertulia que reunía a estos amigos de la generación del 27. Petón viajaba a menudo a casa de Pepín Bello, desde Madrid a Huesca y logró que éste hiciera sus memorias sin escribirlas, hablando entre cerveza y cerveza, con armonía y pasión. Petón ha logrado rescatar para la posteridad anécdotas valiosas y recuerdos únicos. Pepín Bello trató mucho a figuras de la cultura española de aquellos años previos a la Guerra Civil.


Era liberal y nunca quiso nada con el Régimen, en una ocasión a uno de sus dirigentes le reclamó un homenaje a Federico: “levanten su estatua en la plaza más hermosa de Madrid y den su nombre al teatro mejor, no tarden o tendrán toda la Historia para arrepentirse”. No lo hicieron, y apostilló: “no entendían nada”. Pepín Bello pensaba como Rafael Alberti que “Lo que me importa no es morir, sino dejar de vivir”. A su muerte, Petón escribió: “No sabéis cuánta luz se va. Esta noche es dura y sola”.

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