lunes, 28 de septiembre de 2020

Montgelas, reformista alemán

Miquel Escudero

Un nuevo libro de Francisco Sosa Wagner siempre es de celebrar. Va con el aval de una erudición escrita con su particular donaire. Así sucede con ‘Gracia y desgracia del Sacro Imperio Romano Germánico’ (Marcial Pons), que nos brinda el grosor de una época histórica que, de un modo u otro, sigue actuando sobre el tiempo presente. En efecto, todos tenemos idea del Imperio Romano pero menos son quienes sepan que el término Sacro Imperio se introdujo en 1157, con el suabo Federico I Barbarroja. O que en 1486, seis años antes del descubrimiento de América, se añadió a ese título la coletilla ‘de la Nación Alemana’. Se dirá: no tiene importancia ignorarlo, se puede vivir sin saberlo. Sí y no. No es tanto una cuestión de cultura general, como saber que aquel Imperio era un combinado de personas y corporaciones sujetas a los avatares de bodas, muertes y herencias, y también a la compra de territorios. Veamos.


Francisco Sosa Wagner eurodiputado EPyD



El Sacro Imperio Romano Germánico quedó disuelto en 1806, por la acción de Napoleón, aunque se mantuvo una estructura que adoptaría el nombre de Imperio Austro-Húngaro y que se haría trizas en 1914, con la Primera Guerra Mundial. Sin saber todo esto, que ocasionó fronteras artificiales y oportunistas, no se puede entender la inestabilidad política de buena parte de Europa, muy en especial en lo referente a las guerras balcánicas.


La presión de Napoleón llevó a que en 1806 se formase la Federación del Rin, de modo que, en particular, Baviera pasó a ser un reino; y su príncipe elector se hizo rey. El dicho secular: “El Reich puede existir sin el Kaiser, pero no así el Kaiser sin el Reich” no se entiende sin la energía de los altivos y vanidosos príncipes electores de los diversos territorios o electorados. Pues bien, el profesor Sosa Wagner se adentra en la figura del muniqués Maximilian von Montgelas (1759-1838), quien fue ministro principal de Baviera entre 1799 y 1817 y artífice de muy importantes reformas. Montgelas, docto en Historia y en Derecho, fue un minucioso, sutil y gran funcionario que siempre buscó desactivar a reaccionarios y revolucionarios, un estadista sólido. De él dice Sosa que era tímido, cáustico, astutamente dubitativo, escéptico, pícaro (su cara, señala, lo refleja). Tuvo con su joven esposa, Ernestine, ocho hijos: cuatro mujeres y cuatro varones. Significativas de audacia  y de asombroso desparpajo son estas palabras sobre su marido: “Como ministro de Exteriores nadie podía superarlo; como ministro del Interior era pasable; pero como ministro de Finanzas debería ser ahorcado”.


El proyecto político de Montgelas era mejorar el Estado sin atropellos y modernizarlo. Puestos patas arriba los fundamentos del poder, con una gran inflamación de las pasiones políticas, comenzó por disponer un potente ordenamiento jurídico y por eliminar los privilegios del clero, dando supremacía al poder civil sobre el eclesiástico: La Iglesia está en el Estado, no el Estado en la Iglesia. Considérese que Múnich era llamada “una ciudadela conventual” y guardaba una proporción de un fraile por cada cincuenta y cinco habitantes.


En 1807 se hizo obligatoria la vacuna contra la viruela, enfermedad que había diezmado a los bávaros (hay que indicar que un par de años antes, Napoleón había hecho vacunar a todas sus tropas y que en 1803 España organizó una Real Expedición Filantrópica de la Vacuna que, bajo el mando de Francisco Javier Balmis, vacunó en masa a americanos y filipinos). Entre 1808 y 1813 se levantó un Nuevo Hospital General con 600 camas y con calefacción.


Asimismo se legisló la supresión de la tortura, la esclavitud, los procesos de brujería y los trabajos forzados. Se establecieron la educación obligatoria y el servicio militar obligatorio, así como se impuso el libre comercio sin peajes por todo el nuevo Reino; en este sentido, Francisco Sosa detalla que en cien kilómetros era posible encontrar hasta diez puestos aduaneros. Nuestro autor ha podido así hablar del ‘liberalismo incipiente’ de Montgelas. Un liberalismo que fue abanderado del Estado nacional, “contrapuesto al sinnúmero de Estados existentes en el territorio alemán”.


El libro se cierra con un capítulo reservado a la Biblioteca Personal del político bávaro, unos manjares exóticos.


Sosa Wagner ha traído a nuestra actualidad la figura de un estadista liberal alemán que llevó a cabo un vigoroso plan reformista, lejos de toda soflama revolucionaria o reaccionaria.

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