La prepotencia radical

Miquel Escudero

Al hacer cuentas de los actos terroristas, solemos quedarnos con el número de muertos y apenas con el de heridos. Pero éstos también son víctimas del terrorismo. De las 3.300 víctimas ocasionadas por ETA, más del 40 por ciento no ha tenido justicia ni verdad: no constan sus carniceros victimarios.


Archivo - La presidenta del Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite), Consuelo Ordóñez, durante el acto en homenaje a su hermano Gregorio Ordóñez, asesinado por ETA.

La presidenta de COVITE (EP)


Es un asunto sobre el que no podemos pasar de puntillas, pues entra en juego la decencia; esto es, la honradez (una condición que no atiende a modas). En nuestro teatro nacional hay papeles muy diferentes al respecto. Desglosemos dos que tienen en común el dárselas de buenos y superiores al resto. Hay el rol de los despiadados y cínicos que justifican toda maldad, siempre que no les afecte a ellos; aunque no hayan intervenido en su realización las justifican. Tenemos también a quienes ponen el grito en el cielo por sus crímenes, pero con un matiz decisivo que les aparta de lo humanitario y justificado: les importa más el odio expreso a los asesinos que el dolor real de las víctimas; a quienes es imperativo darles justicia y verdad, respeto y cariño, y apoyo económico junto al moral. Pero querer apropiarse de las víctimas y utilizarlas para rascar votos es miserable sin paliativos.


Fundada pronto hará veinticinco años, COVITE se caracteriza por su combate por la justicia concreta en este ámbito terrible que es el sembrado del terror organizado, y por arrojar luz de todo ello ante la opinión pública. No se ha casado con nadie, con ningún partido político. Es una organización independiente que respeta sin tapujos la pluralidad ideológica de las víctimas. Y no es equidistante, como querrían los santones hipócritas que buscan su control.


Es adecuado hablar a continuación de la querella interpuesta por Vox contra COVITE. El Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo, un organismo de esta asociación de víctimas, presentó en enero de 2020 un trabajo que documentaba el odio ideológico y la actividad violenta inspirada por grupos de extrema derecha. En él se hace mención de Vox, partido escindido del PP, al incluirlo en la lista de partidos europeos encuadrados en la extrema derecha que ha tenido un auge electoral notable; son partidos que se centran en uno o más de los siguientes elementos: nacionalismo, fascismo, racismo, antisemitismo, machismo, nativismo, xenofobia y antiinmigración. Fíjense en el detalle: ‘uno o más’ de estos elementos.


En octubre, Vox interpuso una solicitud de conciliación contra COVITE en los juzgados de San Sebastián, exigiendo la retirada de esa referencia, así como una retracción por haber querido “denigrar la honorabilidad de Vox”. Además, pidieron ser indemnizados con 10.000 euros. Unas exigencias que COVITE no podía aceptar. Pero cuando se celebró el acto de conciliación, el pasado 11 de febrero, supieron que un mes antes Vox ya había interpuesto una querella contra ellos. Con malicia y sin miramientos, Vox se retrató: engañó a la opinión pública, pues ocultó este hecho y propaló en distintos medios que no habían tenido más remedio que llevar a juicio el asunto, dado que la asociación de víctimas no se había presentado ese día.


Consuelo Ordóñez, de COVITE, ha declarado que esta mentira dio pie a una campaña de linchamiento contra la entidad que preside, “en la que se vertieron todo tipo de mentiras y mensajes de odio hacia nosotros”.


El 11 de marzo, el correspondiente juzgado de instrucción de San Sebastián dictó auto sobre el particular. Ha rechazado los delitos de injurias y calumnias con odio, y ha acordado el “sobreseimiento libre y archivo de las actuaciones”.


La magistrada explicita en su escrito que las manifestaciones del Observatorio denunciado “hacen referencia a extremos con los que el querellante podrá estar más o menos conforme, pero atribuir a un grupo o colectivo un pensamiento concreto o una ideología concreta no puede considerarse que incita a la violencia ni a actos que impliquen un riesgo para la seguridad”. Vox ya ha recurrido, tenían veinte días de plazo para hacerlo.


Este episodio es elocuente de un estilo altanero y marrullero, aficionado al juego sucio. En Vox no deben de tener cosas mejores que hacer. La derecha radical y alternativa se encuentra en su salsa si consigue achantar. Los extremos se tocan, y en cualquier lado que se pongan tienen toda la razón y los demás ninguna.


Como enseñó Julián Marías, la prepotencia es una forma de impotencia: “cuando no se puede lo que hay que hacer, se hace lo que no se debe”.

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