viernes, 22 de octubre de 2021

Papel de actor

Miquel Escudero


AS 1

August Strindberg 


La expresividad de un actor es fundamental para su valor como tal. Su capacidad de mover y conmover al espectador define su trabajo. No sólo ha de ser verosímil, sino que su efímera función perdurará más allá de una grabación si logra penetrar en las fibras más sensibles de la condición humana. El dramaturgo sueco August Strindberg, fallecido en 1912, escribió que el secreto del gran actor consiste en “la capacidad innata que tiene de hacer irradiar su alma, entrando así en contacto con el público”. Pero insistía en que aunque posea una profunda inteligencia y estudie mucho, si carece de la facultad de salir de sí mismo, jamás podrá hacerse notar en escena: “Recogido en sí mismo, su espíritu no podrá penetrar en el espíritu de los espectadores”. Son observaciones dignas de ser consideradas. Una de sus obras más conocidas es La Señorita Julia, muy difundida hoy gracias a la película que hace dos años dirigió Liv Ullmann, la magnífica actriz y escritora noruega que fue musa de Ingmar Bergman.



Se acaba de editar un libro de textos muy peculiares de Strindberg. Es la primera vez que se publican en español, me refiero a Una mirada al Universo (Siruela), donde trata sobre alquimia, ciencias naturales, misticismo, fotografía y pintura, algunas de sus pasiones. Destacaré algunos de sus pensamientos, mejor o peor trabados, casi siempre deslavazados. Con acierto, pedía educar a los niños como hombres del futuro y no como niños perpetuos. Su mayor alegría era no ser enemigo de nadie y no tener enemigos, no obstante este hombre atormentado, hundido en la paranoia, se ganó un fuerte rechazo del movimiento feminista de la época. Declaró que su mayor desgracia sería no tener paz interior ni una conciencia tranquila, y que la mariposa era su animal favorito. Se interrogaba: “¿De dónde obtuvo la mariposa sus ojos en las alas o la otra la calavera en el tórax? Preguntas sin importancia ante la gran pregunta: la larva está muerta, fisiológica y anatómicamente, completamente muerta desde un punto de vista científico, y aun así ¡vive!”. Celebraba asimismo que una planta se siente en casa prácticamente en todas partes, casi siempre sabe actuar como tal. Tampoco sobreactuaba cuando decía que la reforma social que más le gustaría poder vivir era el desarme. Era en 1899 y aún no habían sucedido las dos tremendas guerras mundiales del siglo XX.




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