miércoles, 23 de octubre de 2019

El sueño de Comín de ser alcalde se ha esfumado

Carmen P. Flores

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Las aspiraciones de cualquier persona son legítimas y en muchos casos admirables, pero cuando éstas se convierten en ambición desmesurada, roza lo patológico y, en algunos casos, tira por tierra la ética personal.


Toni Comín, responsable de la vida de todas las personas de Catalunya, nunca ha dejado de anhelar llegar a lo más alto en el mundo de la política, haciendo los giros ideológicos que hicieran falta con tal de conseguir su objetivo.


Siempre fue un protegido de la familia Maragall y defensor del Maragallismo, que le hizo saltarse varios escalones para entrar en el Parlament de Catalunya como diputado. Lo hizo a través de la plataforma Ciutadans pel canvi, que fundaron en su día Carmen Valls, Josep María Valles y unos cuantos más. Cuando la plataforma se fue a pique, se afilió al PSC como tabla de salvación para seguir siendo diputado. Y, al sospechar que no podría repetir como diputado y el barco sociata navegaba en aguas turbulentas, creó la asociación política Socialismo, Catalunya y Libertad como salvavidas propio. Después, su posicionamiento independentista le sirvió para entrar en las listas de la coalición de Junts Pel Sí.


Su olfato político y su buen hacer entre bambalinas conquistaron a Oriol Junqueras, que lo premió con la conselleria de Salud, sin ser ni siquiera del sector. Comín se ha puesto, en todo momento, a disposición de la estrategia del republicano para cargarse la sanidad privada que tiene concierto con el departamento. En ese afán desmesurado de desprivatizar la sanidad, se olvida de los ciudadanos, al no tener previsto un plan alternativo que garantice que los pacientes pueden ser atendidos en la sanidad pública. ¿En los centros públicos que ya de por sí están colapsados? La decisión improvisada ha soliviantado al sector, ciudadanos, alcaldes y al propio partido con el que forma parte en la coalición de gobierno, es decir, la antigua CDC.


Es curioso como Junqueras dice un cosa y practica otra al disponer de una mutua -está en su derecho- y se visita en el centro privado/concertado Hospital General de Catalunya, cuando su hospital de referencia es el de Sant Boi o el Moisès Broggi de Sant Joan Despí. Dicen que “el que persigue a dos liebres, no coge a ninguna”.


La pésima gestión de Comín ha generado malestar generalizado, incluso en el propio departamento de Salud, donde el ambiente enrarecido, el mal humo que acompaña al responsable, la desconfianza en la personas que el mismo puso al frente, incluido su máximo protegido David Elvira, son elementos más que suficientes para que su último sueño de grandeza política no se vaya cumplir: ser el primer alcalde gay de Barcelona. Así lo había soñado hace unos cuantos años, pero la protección de Junqueras la ha perdido ya que éste quería que los cambios en salud se hicieran con discreción, sin escándalos y con el mayor consenso posible, como lo ha hecho el propio Junqueras desde la conselleria de Economía.


El último sueño político de Comín se ha esfumando, lo mismo que la posibilidad de cambiar a tiempo de partido político. “Es propio del filósofo poder especular sobre todas las cosas”, decía Aristóteles. 

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