​El detective Pisón

Miquel Escudero

Filek


En su último libro, Ignacio Martínez de Pisón pasa de la novela al trabajo documentado. 'Filek' es una investigación magnífica acerca de un truhán que llegó a enredar al endiosado Franco. Se trata del austríaco Albert von Filek (1889-1952), en quien nadie había reparado antes y que se hacía pasar por químico.


Martínez de Pisón leyó en Paul Preston una breve alusión al personaje y se le abrió el apetito. El tipo había combatido en la Primera Guerra Mundial; “ocurre que, por falta de datos, el Filek de esos años es más ficticio que real”. En 1919, con nombre falso y junto a otro compinche, defraudó a un banco en Milán. Dos años después acumulaba un impresionante número de denuncias, y fue detenido por el robo de unas joyas; un delincuente vulgar.


Se instaló en España en 1931 y no tardó en meterse en líos con sus falsas patentes; en esa época proliferaban en Europa noticias de inventores de carburante sintético. Filek vivía en Madrid cuando estalló la guerra civil con el golpe de Estado franquista. Aquel verano del 36, se acumularon por la capital de España unos 1.300 cadáveres de ‘paseados’. A final de año había casi 9.000 refugiados en las embajadas madrileñas.


El aristócrata Filek no podía sentirse allí a salvo, pero lejos de arredrarse se dirigió a Largo Caballero (como antes hiciera con Gil Robles) para ofrecerle su filekina, una pintoresca ganga: la gasolina sintética


Fue interceptado, considerado un espía y apresado. Padeció una tentativa de saca y coincidió cinco semanas con Serrano Suñer en la cárcel. Aquel contacto le serviría para acercarse al Régimen del 18 de julio y brindar ‘un gran invento nacional’, que supondría la producción de tres millones de litros diarios de aquel falso carburante y el ahorro anual de 150 millones de divisas.


En 1942 tras ser consultado uno de sus inventos, se abortó aquel disparate y volvió a ser un preso gubernativo; la policía lo catalogó como ‘persona de mala conducta moral, pública y privada, e indeseable en todos los órdenes’. Parece que Demetrio Carceller dirigió su desenmascaramiento.


Pisón conjetura con diligencia, fantasea con hipótesis pero es siempre riguroso con los datos que ha obtenido tras una minuciosa y divertida indagación. El personaje, curiosamente, quedó libre de juicio. Pero el detective Pisón perdió todo respeto al estafador cuando supo cómo le sacó 2.300 pesetas a un pobre padre apurado. 

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