Un minero portugués

Miquel Escudero

ibi iglesia


El portugués Gabriel Magalhães es un admirador de la cultura hispánica, la conoce muy bien y le profesa enorme afecto en sus diversas variantes; además de hablar un excelente español, se expresa en un pulcro catalán. Magalhães ha dejado escrito que es propio de los mejores españoles el plantar cara a los peligros con una sonrisa, una sonrisa valiente y en absoluto bobalicona. Nuestro amigo no sólo espera lo mejor de nosotros, sino que lo promueve.


Gabriel Magalhães, ensayista y profesor de Literatura en la universidad de Beira Interior, es un devoto cristiano, un hombre que irradia fe, autenticidad y espiritualidad. Se ha definido a sí mismo como ‘un minero del Espíritu’. La verdad es que no es un teólogo, ni tampoco un hombre pretencioso, sino todo lo contrario: es una persona de veras humilde, sencilla y delicada.


Acaba de publicar unas reflexiones sobre el cristianismo en la Europa del siglo XXI con el título 'Ser a casa', en su versión catalana. Este estar en casa es un paseo a la búsqueda de una casa de la alegría, en pos de recuperar lo mejor de cada uno; acaso su infancia. Dice que “a nosotros, cristianos, nos hace mucha falta la alegría. La mayoría de los creyentes deja que su alma quede aprisionada en la tristeza”.


Magalhães pide a los católicos europeos que no desistan de su fe, pero que no la impongan a los demás. Si bien, intenta convencer al lector para que tenga el coraje de llegar al fondo de él mismo, pues “podemos vivir entre las paredes del misterio con la misma naturalidad con que vivimos en nuestra residencia terrenal”.


De este modo, cree que deberíamos proceder a un vaciado equivalente al de Cristo cuando se hizo hombre y provocó una especie de ocultación de su naturaleza divina. ¿En qué consistiría este vaciado? Se trataría, piensa el profesor portugués, de extinguir nuestros orgullos y eliminar todas nuestras fijaciones bloqueantes.


Destacaré por último una sugestiva propuesta a la Iglesia. Le recuerda que ya desistió de controlar la alimentación de sus fieles, y que “sin duda, el ayuno es algo bueno porque es un modo de recordar al Señor, de abrazarnos a él en una determinada privación. Pero cada uno lo practica a su manera”. Entonces, apostilla, “tal vez la Iglesia debería hacer con la sexualidad lo que ha hecho con la nutrición”. 

Sin comentarios

Escribe tu comentario




He leído y acepto la política de privacidad

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.



Más autores

Opinadores
Leer edición en: CATALÀ | ENGLISH