El periodismo 'spam'

Miquel Escudero

En esta era cibernética de las redes sociales es suicida no contar con la presencia de cuentas zombis, perfiles automatizados o bots.  Poderosas organizaciones se dedican día y noche a atacar la verdad y desfigurar la realidad con noticias falsas que corren como la pólvora, y que muchos dan por ciertas (se extienden con más potencia que la verdad). 


Si no se reacciona con decisión y eficacia, la democracia y el Estado de Derecho se irán al garete. Hace falta adiestramiento individual y social, pero también legislación adecuada. 'Fake News: la nueva arma de destrucción masiva' (Deusto) es el título de un libro de David Alandete, periodista que hasta hace unos meses era director adjunto de El País. Selecciono aquí un párrafo significativo:


"El auge del populismo ha convertido la labor de comprobación de hechos del periodismo en una práctica esencial para la buena salud de la democracia. Desde 2016 se sabe que el presidente de Estados Unidos miente por sistema y la labor de los medios es distinguir sus falsedades de la realidad".


Los medios de comunicación son imprescindibles para que haya libertad, siempre que sean veraces y no cobijen falsas noticias o recurran a titulares tendenciosos. Menciona Aldanete la desinformación generada desde la Generalitat con el procés, amplificada enormemente en internet por la propaganda rusa (en España, el Estado no tomó medidas preventivas, a pesar de repetidas advertencias). Hay campañas muy elaboradas con una malintencionada y fuerte semilla política. Aldanete se refiere a Assange, de Wikileaks, su intoxicación sobre Cataluña y los emails de Hillary Clinton. Una guerra híbrida en la que Ucrania es desde hace unos años campo de pruebas de una desinformación extraordinaria. Un clima envenenado que mezcla verdad y mentira a conveniencia.


El Brexit, en particular, es considerado el mejor ejemplo de “los efectos reales y perniciosos que la desinformación puede tener sobre toda una sociedad”. Italia tampoco queda a la zaga. Otros dos nombres a destacar: el de Ramon Tremosa, el tremosilla o ‘diputado del spam’ (como es conocido en el Parlamento Europeo). Y Zozulya, jugador ucraniano de fútbol objeto de mezquinas e interesadas calumnias que se dieron por buenas hasta arruinar su carrera deportiva en España.

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