miércoles, 18 de septiembre de 2019

​Mann contra Nazilandia

Miquel Escudero

Thomas Mann, autor de la novela 'La montaña mágica' y de 'Muerte en Venecia', ganó el Nobel de Literatura en 1929, cuando tenía cincuenta y cuatro años de edad. En 1936 se le retiró su nacionalidad alemana y poco después se refugió en la universidad norteamericana de Princeton. Hoy referiremos algunas de las cosas que llegó a decir en 'onda larga'. En 1940 comenzó unas alocuciones mensuales en la BBC, de entre cinco y ocho minutos de duración, dirigidas a sus compatriotas alemanes y que prosiguió durante cinco años, hasta el final de la guerra. Como un profeta, clamaba: "¡Alemanes, salvaos!", "vuestros señores os han metido en la mollera que la libertad es un cachivache pasado de moda". Les decía además que no dudaba de su sumisión al Führer, "pues vuestra obediencia no tiene límites, y, os lo digo francamente, se torna cada día más imperdonable". Por eso, "el mayor beneficio moral que se puede hacer al pueblo alemán es contarlo entre los pueblos oprimidos". Alemania, proseguía, tendría que temer más la victoria hitleriana que su derrota, a pesar del mensaje de Goebbels: "si no vencéis, seréis aniquilados". Les alertaba de la trampa de dejarse ganar por el pavor, aceptando la intoxicación que se les servía. Por otro lado, Thomas Mann aludía claramente al exterminio organizado de judíos y al obsesivo atropello de la verdad que los nazis cometían.


A los secuaces de la banda nazi se los calificaba en estos casi sesenta discursos como terroristas, degenerados, miserables, usurpadores, rufianes, esbirros, perversos, viles, infames, pérfidos, corruptos, camorristas, bazofia, granujas, bellacos, piojosos, mentirosos, fanfarrones, rastreros, atroces, genocidas, estúpidos, espantajos, andrajosos, indeseables, imbéciles, fanáticos. Alemania, concluía, debía zafarse de esta tropa y saber que "no es el eje alrededor del cual todo gira", sino un pueblo como otro cualquiera, formado por simples seres humanos. Pero por aquí se coló una frase embriagada de insensatez: el nacionalsocialismo, un "islam de escalera de servicio". Cerca del 'fin', les dijo que Alemania "también puede vivir, y ser feliz, sin las regiones orientales y occidentales que va a perder por las barbaridades de un Reich belicoso". Y después les declaró que no volvería a Alemania, porque "¿cómo regresar a una patria que no existe como unidad?". ¡Ay, Mann! 

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