domingo, 18 de agosto de 2019

​Galdós y un fino malandrín

Miquel Escudero

Malandrín es una palabra en desuso, ¿quién la conoce? Silencio. Pero significa traidor, bellaco, despreciable por mentiroso. Todo eso lo es Juanito Santa Cruz, uno de los protagonistas de la novela de Benito Pérez Galdós 'Fortunata y Jacinta', publicada en 1887, cuando su autor tenía 44 años; Santa Cruz era amante esporádico de la primera y esposo de la segunda. El tal Juanito era universitario, tenía dos carreras y era "muy bien parecido y además muy simpático, de estos hombres que se recomiendan con su figura antes de cautivar con su trato". Su amor propio, describe Galdós, le gobernaba más que la conciencia. Todo él era comedia y "querer echárselas de hombre reflexivo"; se tenía por una gran persona.


Fortunata, por su parte, podría describírosla con estos dos párrafos; nos permitirán captar su zona más vulnerable ante el encanto del depredador Santa Cruz: "Temía no comer con bastante finura y revelar demasiado su escasa educación. El temor de parecer ordinaria era causa de que las palabras se detuvieran en sus labios en el momento de ser pronunciadas". Asimismo, "su aire de modestia, su encogimiento, que era el mejor signo de la conciencia de su inferioridad, hacíanla en aquel instante verdadero tipo de mujer de pueblo, que por incidencia se encuentra mano a mano con las personas de clase superior". 


El temor de parecer ordinaria y la conciencia de su inferioridad. ¿Esto sigue ocurriendo hoy día, o es más bien al revés?


De hecho, el mequetrefe Juanito se solazaba con la ingenuidad que desplegaba la muchacha, la tenía así sentimentalmente 'bien agarrada'. Después de abandonarla caprichosamente en un par de ocasiones, habrá una tercera y última oportunidad para seducirla cuando Fortunata anda algo más equilibrada, serena y tranquila. Así, desprovisto de todo respeto y consideración hacia ella, el señorito acierta a explotar su necesidad afectiva: "Reconozco que vales mucho más que yo, como corazón; pero mucho más. Soy al lado tuyo muy poca cosa, nena negra. No sé qué tienes en esos condenados ojos. Te andan dentro de ellos todas las auroras de la gloria celestial y todas las llamas del infierno… Quiéreme, aunque no me lo merezco".


Todo acabará como el rosario de la aurora y el tipo acabará saboreando el vacío de la vida, ser nadie ante Jacinta. 

Sin comentarios

Escribe tu comentario




No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.


Más autores

Opinadores
Leer edición en: CATALÀ | ENGLISH