jueves, 24 de octubre de 2019

​Una GC de película

Miquel Escudero

Portada sangre sudor y paz


Leo con interés y asombro Sangre, sudor y paz (Península), de Lorenzo Silva, Manuel Sánchez y Gonzalo Araluce. Siento vergüenza pero también gratitud. No es un libro neutral, pues está del lado de quienes combatieron a la banda etarra, terroristas con objetivos políticos y a la que las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado redujeron a la más absoluta inoperancia. Contiene historias que no se deben ignorar, y que "solo hoy y aquí se han recopilado, ordenadas y relacionadas". Se cuenta que Kubati, el asesino de Yoyes, le dijo lo siguiente a un policía: "¿Sabes?, he estado toda la tarde pensando y qué razón tenía quien os bautizó con el nombre de txakurras (perros), pues desde luego no hay sabuesos como vosotros, como la Guardia Civil; si encontráis la menor pista no os dais por satisfechos hasta no haberla explotado al límite". 


Durante años se repitió que "la vida de nuestros luchadores vale cien veces más que la de un hijo de un txakurra" (un mantra que repugna al debido respeto a la condición humana). 


Así, muchas familias pasaron de la ilusión y las ganas de vivir al llanto y al silencio, en apenas siete segundos. Víctimas de un daño que no puede ser restituido. Un acoso y una maldad que perdura aún hoy cuando se homenajea a criminales depravados. Envilecimiento social.


La banda pasó muchos años como antifranquista pero no lo fue propiamente: "No luchamos contra Franco. Luchamos contra España". Los autores de este libro resaltan que el régimen del 18 de julio no supo hacerles frente y que empleó métodos de guerra para tiempos de paz. Una represión incompetente y desmesurada colocó a ETA como "la personificación de la lucha antifranquista, inclinando a la población vasca de su lado". Además la policía tenía entonces una preparación escasa y sus medios eran muy ineficaces. En 1983, el Plan ZEN, del Gobierno de Felipe González, rotó en 180 grados aquel panorama. Vendrían grandes éxitos: Sokoa y Bidart, Y cayó el mito de la imbatibilidad etarra. Una GC de película, con un conocimiento casi completo del complejo logístico etarra, tras años de trabajo y eficacia; previendo hasta el último detalle en cada operación. La dirección etarra (“una partida de individuos ya instalados en la demencia y la irracionalidad”) no era ya capaz de imaginar el gran golpe que la GC planeaba contra ella. Respeto admirativo y homenaje democrático. 

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